Hablar y tomar partido por el borrador de ley para la igualdad de las personas transexuales, es complicado cuando se desconoce tantos aspectos y circunstancias que engloban a dichas personas. Hasta 2018, la OMS consideraba la transexualidad como una enfermedad mental, y apenas hace dos años, cambiaron el término transexualidad y a  considerarlo una condición relativa a la salud sexual, bajo el nombre «incongruencia de género». La sociedad sigue considerando a la mayor parte de conductas, orientaciones e identidades sexuales apartadas de la heteronorma: problema o enfermedad. Ser hombre o mujer implica diferentes cosas según la sociedad o cultura en la que vivamos, los transexuales son aquellas personas que sienten la existencia de una incongruencia continuada en el tiempo entre su sexo biológico y su identidad de género.

Puede haber personas transexuales que sientan disforia de género, es decir, frustración y malestar en relación a su propio cuerpo. Otros que están contentos con sus cuerpos, que no necesitan realizar un cambio físico total, que optan por hormonarse, cambiar su forma de actuar y vestuario. Es necesaria una ley que regule toda ese gran abanico que supone ser transexual, para legalizar su situación, evitar el hostigamiento, la discriminación, la aversión, los prejuicios, el estigma y la violencia diaria contra las personas transgénero. Además, de aprobar la ley, todos tenemos la responsabilidad de buscar los cauces de entendimiento, respeto y empatía para aquellos que son diferentes a nosotros. Porque solo dentro de las comunidades «queer» y transgénero sufren lo que supone la transfobia y que no sean consideradas personas iguales como el resto.

Un borrador de ley, que ha nacido con el enfrentamiento entre el ministerio de Igualdad y el resto de gobierno socialista, mientras los impulsores de la ley aseguran Unidas Podemos como  impulsor de la ley asegurando que corrige una “deuda histórica” con el colectivo trans, mientras que el resto del gobierno y el PSOE cuestiona las consecuencias que puede tener sobre los derechos de las mujeres. Parte de la controversia en el borrador de la ley, surge por el debate sobre dos conceptos clave del feminismo: sexo y género,  Y, el querer equiparar los derechos de las personas transgénero con los derechos de las mujeres. Mientras, las comunidades transgénero piensan que no les conceden privilegios, sino que garantizan la igualdad.

Muchos son los puntos que tendrán que debatir en el Consejo de Ministros, antes de que llegue la ley al Congreso de Diputados como: el cambio de género a menores; que no sea necesario que haya un diagnóstico médico o psicológico;  y que no será preciso ser mayor de edad; para solicitar el cambio de sexo; el reconocimiento de las personas no binarias; que no sea necesario especificar el sexo en los documentos oficiales, la reproducción asistida…  Puntos que deben alcanzar un consenso e intentar hacer una ley que el Tribunal Constitucional no la acabe derogando con el recurso de la derecha, porque las personas transgénero necesitan tener sus derechos y sus obligaciones.

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