Legislar no puede ser consecuencia de la indignación, conviene analizar todas y cada una de las derivadas que puede tener una decisión. La ley más feminista de este Gobierno, la ley del «si es si» , se está encontrando con controversias que solo están ayudando a dar munición a la derecha más extrema. Una ley que se hizo para defender a las mujeres, unificando el antiguo delito de “abuso sexual” y el de “agresión sexual”, se ha convertido en un boomerang, donde los jueces en su margen de interpretación, están aplicando penas máximas y mínimas en función de cada caso en concreto. Todo por supuesto con matices, dependiendo de los jueces e incluso del área geográfica, aplicando a lo que antes eran “abusos” penas mayores y las antiguas “agresiones”, condenas un poco menores que antes.

Las consecuencias de una ley no son fáciles de prever a primera vista, pero ni esta ley del «si es si», ni cualquier otra, es una ley de una persona, no es la ley de Irene Montero, las leyes son colegiadas de el Consejo de Ministros, de los diez partidos que la votaron en el Congreso y en el Senado, porque las leyes pasan por las Cortes para ser mejoradas. Una ley precisa de un análisis pausado en profundidad,  y con multitud de expertos donde se tiene que fundamentar el control y calidad de la ley. Nuestra justicia es garantista, lo que supone la preeminencia de la ley más favorable al reo, «ante la la duda, a favor del acusado». La ley del «si o si» se olvidó de un principio jurídico, si una nueva norma penal es más favorable a los ya penados, las sentencias deben ser revisadas. El ministerio de Igualdad pensó que esta reforma no iba a suponer una rebaja de las penas, ni menos aún una revisión a la baja de sentencias ya firmes. Pero, es lo que está pasando.

El Congreso debe legislar bien, para que los jueces puedan fallar bien. Legislar no puede ser consecuencia de la indignación, porque las leyes son la expedición de las normas llamadas a regir la vida de la sociedad y del Estado. La importancia del trabajo legislativo reside en la sensibilidad de los diputados de ser capaces de captar, interpretar e integrar las necesidades de la sociedad, pero pensando todas las carambolas que puedan suceder. La interpretación de las leyes no puede culparse a un supuesto machismo de los jueces y su aplicación errónea de la ley. No puede simplificarse en una cuestión de feminismo y de jueces machistas. A lo mejor ha faltado un punto, una coma o una palabra a la ley, donde no se incluyó una cláusula de derecho transitorio para regular el cómo actuar con los casos anteriores que se pudieran verse afectados.

Cuando no encuentras una forma de explicarle a la sociedad lo que está pasando, cuando hay condenas que se rebajan y presos que son excarcelados, algo está fallando. Es necesario reformar la ley del «si es si», porque al final una ley que pretendía defender los derechos de la mujer, se ha convertido en el arma arrojadiza de la derecha contra el Gobierno de coalición. Porque la interpretación de algunos jueces, quizás no es la más correcta, pero la ley debe impedir las rebajas de condenas indeseadas. Y, aprender para las nuevas leyes, como la ley trans y la de familia, que hay que legislar bien, para que los jueces puedan fallar bien.

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