La cultura de la violación es un término que fue utilizado por primera vez en los años 70 por las feministas de los Estados Unidos. Este concepto hace referencia a la normalización y la aceptación de la violencia sexual hacia las mujeres y a todas las maneras con las cuales la sociedad culpabiliza a la víctima de su propia violación. La cultura de la violación es cosificar a la mujer como objeto de deseo; es justificar los actos de algunos hombres; es creer que el sexo es un tema de dominio o de poder; es hacer chistes, burlas o piropos; es la prostitución y la pornografia; es obligar a hacer a la mujer lo que no quiere; es culpabilizar a la víctima y nunca al agresor. La mujer es libre y puede vestirse con lo que quiera, ir con actitud provocativa, haber bebido o simplemente andar por la calle. La cultura de la violación, por desgracia, está en nuestra forma de pensar, de hablar y de socializarnos.

La ONU Mujeres explica en el documento «Dieciséis maneras de enfrentarte a la cultura de la violación» que “la cultura de la violación es omnipresente. Está grabada en nuestra forma de pensar, de hablar y de movernos por el mundo. Y aunque los contextos pueden diferir, la cultura de la violación siempre está arraigada en un conjunto de creencias, poder y controles patriarcales”. Cuando la ministra de Igualdad Irene Montero, acusa de promover una cultura de la violación, durante la sesión de control al Gobierno de este miércoles, al Partido Popular, es porque ellos inciden en la culpabilización y en la credibilidad de las víctimas, en campañas institucionales como la de Xunta de Galicia y la Comunidad de Madrid.

Cultura de la violación, no supone llamar violador a una persona, institución o partido político, como parece haberlo interpretado la derecha parlamentaria, sino aludir a mensajes, actitudes o conductas que vayan encaminados a reforzar los estereotipos sexuales sobre las mujeres. Es también, cultura de la violación, que los medios de comunicación y la publicidad, difundan pautas de comportamiento sexual y cosifiquen a la mujer, para después reprochar la violencia sexual, cuando probablemente son cómplices indirectos de ella. Es cultura de la violación la pornografia, vertiendo la mentira de que las mujeres quieren ser violadas o que los niños desean sexo, donde se fomenta la necesidad de sexo duro, y en dosis cada vez más altas, lo que provoca efectos como las «manadas».

La cultura de la violación, es llegar a redefinir la violencia contra las mujeres como un problema social y político. Porque la visión tradicional de la violencia machista ha sido durante muchos años, considerarla como algo normal. Hemos de quitarnos esos principios clasistas, sexistas y de humillación, basados en el concepto de patriarcado, en el que se explicita un sistema de dominación basado en el sexo-género que impide a las mujeres en contra de su voluntad, en contra de su consentimiento, ser tratadas como iguales. Que nadie se ofenda, ataque o afee las palabras de Irene Montero.

Un comentario sobre “Cultura de la violación.”

  1. «Ustedes promueven la cultura de la violación que pone en cuestión la credibilidad de la víctimas» dijo la ministra de Igualdad, Irene Montero, en el Pleno del Congreso de los Diputados. Está claro que sus señorías no han entendido el término de cultura de la violación y lo han recibido como una afrenta personal. Está claro que falta mucha cultura de igualdad y de feminismo entre los diputados y diputadas.

    Pero, es aún más triste que la presidenta del Congreso, Maritxell Batet, reprendiera a la ministra de Igualdad afirmando que «esta presidencia considera que la expresión que ha utilizado no es adecuada en términos parlamentarios dirigida a un grupo parlamentario» y pidiendo que evitara «un lenguaje inadecuado para el Parlamento». Una llamada de atención que contrasta con la indiferencia de la presidencia de la cámara, el 23 de noviembre, cuando Irene Montero soportó un nuevo espectáculo de violencia política en el que la ultraderecha de Vox, con la connivencia del PP, fue protagonista una vez más. Se reprende a la ministra de Igualdad, por emplear el término cultura de la violación, sin embargo no se reprende a la diputada de Vox Carla Toscano al llamar desde la tribuna a Irene Montero «libertadora de violadores» y señalar que su «único mérito es haber estudiado en profundidad a Pablo Iglesias».

    La ignorancia de sus señorías, la falta de conocimiento, hace reaccionar y actuar los instintos, sin pensar en las consecuencias. Son los ignorantes los que deberían pedir perdón a Irene Montero y de paso a todas las mujeres.

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