Las noticias falsas han existido siempre, la diferencia es que ahora se propagan más rápidas. Una falsa alarma, inducida por la redes sociales, es viralizada en cuestión de segundos. En este mundo complejo e interconectado propagar mentiras es la afición de muchos, poniendo en duda la verdad. Decía Jonathan Swift, un ensayista del siglo XVII, que: «la falsedad vuela y la verdad viene cojeando tras ella». Podemos vivir en un mundo de hechos objetivos basados en el conocimiento y la verdad o vivir en un mundo de realidades alternativas, de ficción y de mentiras. Las fake news representan una amenaza para nuestra sociedad y para nuestra democracia. Leemos y escuchamos mentiras, las difundimos sin contrastarlas, contribuyendo así a su mayor difusión. Porque las mentiras son capaces de involucrar a un número mayor de personas, que nunca es alcanzado por ninguna verdad. Nos hemos convertido en meros repetidores de mentiras sin verificar.

Crear una falsa alarma de un posible apagón eléctrico, de un gran apagón mundial, es lanzar una mentira para que la gente se asuste, comiencen a acaparar y de esa forma se produzca escasez, subiendo precios y generando mayores beneficios a unos pocos. La ministra de Defensa austríaca, Klaudia Tanner ha asegurado que, existe una alta posibilidad de que se produzca un apagón eléctrico en Austria y en Europa en general, que la recuperación llevaría semanas. Lanzar y difundir mensajes sensacionalistas y catastróficos, no es una campaña de concienciación ciudadana, ni siquiera una prevención ante un posible apagón, es crear incertidumbre en la sociedad. Las redes sociales, con su componente socio-viral, permite a todas las personas producir y distribuir contenidos, sin mayor control. Y, los medios de comunicación en general, ganan audiencia a raíz de noticias falsas y polémicas. Nadie sabe con certeza si se producirá un apagón y mucho menos a nivel mundial. ¿Por qué abrir este tipo de polémicas?

Se pretende hacer perder la confianza colectiva en las instituciones, en la sociedad tal como la conocemos, ver conspiraciones y peligros a los que estamos expuestos como ciudadanos y ciudadanas. Quieren hacernos sentir desprotegidos del sistema, poner en duda cualquier certeza y poner todo en duda. La pandemia del coronavirus, ayuda a populistas y negacionistas, defender la probabilidad de un gran apagón. Pero, solo buscan destruir la democracia. Ahora, es la falsa alarma de un posible apagón eléctrico, mañana puede ser otro bulo difundido: el fin del mundo escogido por Dios, la caída de un cometa, las profecías de Nostradamus, un holocausto nuclear, una catástrofe natural o una guerra mundial.

Hay tantas noticias falsas, que hacen muy difícil discernir entre lo que es falso y lo que es verdad. Pero, la sociedad no puede creer a pies juntillas lo más disparatado o improbable, convirtiendo las redes sociales en caldo de cultivo para crear y viralizar mentiras. Habiendo la tendencia creciente, de compartir información de contenido dudoso o falso. Lo más triste de una falsa alarma de un posible apagón eléctrico, es que se genere miedo en la sociedad, que pueda haber falta de abastecimiento y un aprovechamiento económico por parte de fabricantes y distribuidores. Un teléfono móvil que nos espía, un pequeño número de grandes corporaciones que se quedan con nuestros datos y unas redes sociales con informaciones falsas, inexactas o equívocas que se comparten y se hacen virales. ¿Cómo me puedo creer lo de un posible apagón?

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