Las mentiras son la acción de mentir; engañar, es hacer creer que algo falso es verdadero y el engaño colectivo, es tomarnos y creernos como tontos a todos. Decía Pío Baroja que «A una colectividad se le engaña siempre mejor que a un hombre» y esa es la base del dirigismo político e ideológico al que estamos sometidos. Lo saben muy bien los políticos, los medios de comunicación, las redes sociales…  Lo importante es llevarnos en una dirección u otra; pero siempre favoreciendo a un bando en detrimento del otro, generando políticas de emociones y queriendo ganar votos mediante el populismo y el engaño colectivo. Nos creemos más libres, tenemos múltiples opciones, pero cada vez nos dejamos más influenciar.

En la precampaña electoral para las elecciones del 13-F en Castilla y León, solo nos falta escuchar a las vacas, los cerdos y las ovejas dando su opinión sobre el estado de la ganadería: si extensiva o intensiva. Porque, parece que los únicos problemas de Castilla y León, sean las declaraciones de Alberto Garzón sobre la ganadería y utilizarlas como parte de la estrategia política de la derecha. Después de 35 años de gobierno popular, desde el nombramiento de José María Aznar en 1987, hasta las pasadas elecciones autonómicas de 2019 en Castilla y León, cuando la candidatura del PSOE con Luis Tudanca fue la más votada, pero que no llegó al Gobierno por el pacto de PP y Ciudadanos, convirtiendo en presidente a Alfonso Fernández Mañueco. Seguro, que hay cosas más importantes que solucionar, incluso el cambio.

Los engaños colectivos son los que movilizan masas, son engaños políticos, institucionales, religiosos, empresariales o mediáticos, que se extienden en la sociedad, sumando múltiples individualidades que al unirse forman un colectivo, al que debido a su sistemas de creencias  pueden ser muy influenciables. Un ejemplo de engaño colectivo, podría ser uso que hace el PP del reparto de los fondos europeos, los antivacunas o el caso de la ganadería, basado en bulos y mentiras, para convencer a los ciudadanos de cual tiene que ser su voto. Me molesta como ciudadano que nos tomen por tontos, como personas ingenuas e inocentes, quizás con poca inteligencia o comprensión, mientras unos políticos comparten plano con unas vacas o unas ovejas. ¿Somos tontos o nos lo hacemos? Cada uno puede votar la opción que más le guste o le convenza, pero que no nos tomen el pelo. Es fácil engañar a sociedades enteras, porque “quien quiere mentir, engaña, y el que quiere engañar, miente”, como decía el escritor del Siglo de Oro, Mateo Alemán, pero nunca caigamos en el auto engaño.

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