Ha comenzado el juicio, en la Audiencia de Navarra, en el que cinco jóvenes sevillanos, conocidos como La Manada, son acusados de violación a una chica de 18 años en los Sanfermines de 2016, se les juzga por un delito de agresión sexual, otro contra la intimidad y por robo con intimidación, se han declarado inocentes de todos los delitos que se les imputan. Dejando a un lado, la presunta inocencia de los acusados, estamos hablando de libertad, de respetar la libertad de las mujeres, se contempla en el artículo 178 del Código Penal, como un atentado contra la libertad sexual de otra persona.

Ninguna mujer es culpable de su violación. Cuando conocemos el hecho de una violación: nos ponemos todos en su lugar, sentimos empatía; después miedo porque a nosotros o cualquier persona le podría pasar. Pero, nuestra educación machista, nuestros prejuicios sexuales, nos hace buscar explicaciones absurdas culpabilizando a la mujer e incluso afirmando que se lo merecía. La defensa sostiene que los cinco jóvenes mantuvieron una relación consentida con la chica y pide la absolución. Ninguna mujer es culpable de su violación, aunque le pueda parecer al hombre que hay incitación, porque estamos hablando de libertad y de respeto, de cuando una mujer dice no es no. 

¿Quién decide que ha habido violación? Tiene que ser en el proceso judicial y no en las redes sociales haciendo un juicio paralelo. Una vez si son condenados, que reciban el castigo que marque la ley. Pero, lo que no entiendo es que un juez acepte como prueba una investigación, de unos detectives de la defensa, del comportamiento de la víctima tras el suceso y sin embargo el tribunal deliberó sobre si durante el interrogatorio se podía o no visionar los vídeos que se hallaron en los teléfonos móviles de los acusados en los que se veía la supuesta violación. El tribunal que juzga a «La Manada» incorpora a la causa una foto publicada en su Instagram de la denunciante, en la que aparece una camiseta que  lleva un maniquí con la frase:  «Hagas lo que hagas, quítate las bragas». Esta frase es muy popular entre los seguidores del reality show Super Shore, en el canal de televisión MTV. Pero, mi opinión es que, aunque hubiera una mujer con las bragas en la mano, nadie tiene ningún derecho a tocarlas ni por supuesto a violar a una mujer.

Una mujer después de una violación, puede sufrir unas secuelas psicológicas, pero eso no significa que una jóven de 18 años deje de vivir, se cierre en su casa y no se mantenga activa en las redes sociales. Ella no tiene que justificar nada, ella no es culpable, en todo caso lo son los supuestos violadores. No se tiene que poner en tela de juicio a la víctima, en todo caso demostrar si los supuestos violadores lo fueron realmente. La mujer debe perder el miedo de convertirse en el centro de la crítica social, porque ella no es culpable de su violación y esa criminalización es la que frena a las mujeres para denunciar agresiones, abusos y violaciones.

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