la eutanasia como derechoEl Congreso de los Diputados ha aprobado la primera ley de eutanasia en España, respaldada ampliamente, por partidos de todo el espectro político, excepto el Partido Popular y Vox que han votado en contra y 2 abstenciones. Ahora, solo falta el respaldo del Senado, para regular la eutanasia como un derecho al que podrán acogerse quienes padezcan “una enfermedad grave e incurable” o “invalidante” que cause “un sufrimiento insoportable”, que deberá ser certificado por un médico, para poder solicitar y recibir la ayuda a una muerte digna. Una ley garantista para pacientes y sanitarios, que exige una doble supervisión médica para comprobar que quien solicita morir se ajusta a la ley y el respeto a la objeción de conciencia para el personal médico, si así lo desean. Un derecho social que reconoce el derecho a morir dignamente, para quienes consideren que el dolor les resulta insoportable, bien tomándose la medicación él mismo, o bien siendo el médico quien se la administre.

Porque se debe defender la decisión personal de poner fin a nuestra vida, cuando en pleno uso de nuestras facultades mentales, somos capaces de madurar y tomar una decisión, cuando una enfermedad es incurable, no aguantamos el dolor, somos dependientes de los cuidados de familiares o simplemente no queremos que se alargue artificialmente la vida. Eso choca con una interpretación católica del sufrimiento: Jesucristo sufrió por nosotros, por eso hay tantos defensores de la agonía prolongada como una prueba que Dios nos ha enviado y donde parece que sacralizan el dolor. Si nadie nos preguntó si deseábamos nacer, sería lógico que por lo menos se nos permita y se nos ayude a morir sin sufrimientos. Forzar a una per­sona al sufri­miento pudiendo evitárselo, me parece una forma de crueldad.

A los que defienden el derecho a la vida, les tengo que decir que vivir no es un derecho absoluto y tampoco un deber, que cada uno de nosotros en virtud de nuestra libertad personal, es quien tiene que escoger si no quiere vivir dignamente. La vida es un bien del que somos titulares y, por lo tanto, del que podemos disponer siempre, sino causamos daños a terceros. La vida con dolor y sin dignidad, es como el mito de Sísifo, donde no debía morir, su precio sería nunca descansar en paz. Porque más importante que el derecho a la vida, es el derecho a la libertad. La vida no es un don sagrado, que tenga que ver con Dios o con la religión, que tengamos que mantener por mandato divino. El derecho a la vida es un derecho y eso comporta que la eutanasia es una decisión libre de disponer de nuestro derecho a la libertad.

Un comentario sobre “La eutanasia reconocida como derecho social.”

  1. La eutanasia, nace de la necesidad de garantizar la libertad del individuo para decidir sobre su propia muerte. Es un acto de libertad escoger el momento en que decides poner fin a la vida, con las garantías necesarias, decidiendo optar por una muerte digna, una buena muerte. Según el Diccionario de la Real Academia Española, la eutanasia es, en la primera de sus acepciones, «aquella intervención deliberada para poner fin a la vida de un paciente sin perspectiva de cura», y en la segunda, «muerte sin sufrimiento físico». La muerte sin sufrimiento físico, es algo elemental, que nadie nos puede cercenar como derecho. No quiero plantearme una vida sufriendo.

    Legalizar la eutanasia no significa que deba aumentar el número de muertes, ni que sea la forma de liquidar a los viejos que estorban. Al igual que cuando se legalizó el divorcio, todo el mundo no se divorcio. Y, lo mismo que cuando se regularizó el aborto, todas las madres no abortaron. Simplemente es legalizar una realidad y buscar transparencia en escoger una muerte digna. Porque estamos hablando de dignidad de las personas, tanto para defender como para rechazar la eutanasia. Para sus defensores, la dignidad humana del enfermo consiste en su derecho a elegir libremente el momento de la muerte. Para sus detractores, la dignidad humana es oponerse a este derecho por considerarlo una iniquidad por ser una cuestión religiosa o legal, en la cual no puede disponer la persona libremente.

    Sabemos que la muerte es la única gran verdad de nuestra vida, todos más pronto o más tarde tenemos que morirnos, el gran problema es la enfermedad. Si contra la muerte no hay remedio que valga, algunas veces tampoco hay remedio para curar una enfermedad y tener calidad de vida. La consciencia de la muerte tiene mucho de liberadora, porque nos permite relativizar y dar a las cosas el valor que les corresponde. Por la misma razón, cuando tenemos una enfermedad incurable, la irreversibilidad y el sufrimiento es lo que nos puede hacer tomar la decisión de acabar con nuestra vida. A lo mejor es una opción egoísta en lo personal y liberadora hacia los demás disponer de nuestra vida para tener una muerte digna, pero es parte de nuestra libertad individual y sobre todo: un derecho.

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