Tener una persona una adicción, no es solo buscar el alivio y/o el placer por consumir alcohol, tabaco, drogas u otras substancias. Puede existir no solo por la adicción a una sustancia sino también por una adicción a una actividad y conducta, desde la adicción al teléfono, a las redes sociales, videojuegos, Internet  o la moda de las series de televisión. Su hábito compulsivo que quizás nadie se cuestiona, interfiere en la salud  y en la vida cotidiana de las personas que las padecen y de quienes les rodean.

Son esas adicciones que sufrimos gracias al consumismo y las nuevas tecnologías, que estamos sobreexpuestos a su utilización y a su interactividad. Es una adicción que salpica desde los adolescentes a las personas más mayores, buscando placer al principio y a fuerza de su conducta repetitiva, crea dependencia y poco a poco les aísla de la realidad, les evade y les muestra una realidad ficticia. Pasar del uso al abuso, es lo que hace convertirse en adicción. No son las nuevas tecnologías el problema, sino el mal uso que hacen de ellas, algunas personas. Si la adicción a una nueva tecnología, te hace tener sedentarismo, perder la convivencia y la comunicación, si te olvidas de tus diversiones y estás sustituyendo la realidad por lo virtual, te deberías plantear, que quizás tengas un problema.

Ahora, se ha añadido una nueva tendencia que va en aumento, el ver series de plataformas digitales: capítulo a capítulo, de día y de noche, una serie tras otra y aparte de la televisión, para más comodidad, en cualquier dispositivo digital. La seriefilia se convierte en un problema cuando la persona abandona su normalidad anterior por estar pegado a una pantalla. Ha caído en las garras consumistas, en hacerte huir de la realidad y en crearte una dependencia.

Sin embargo, si no tienes esa dependencia hacia las plataformas digitales, te conviertes en parte de ese colectivo marginado, que no conoces las series, que no sigues más de una, que no puedes decir si estás viendo la segunda o la tercera temporada y que nunca vistes ningún capítulo de Juego de Tronos. Yo soy de ese colectivo marginado, que no pertenezco a ninguna red social y que no veo ninguna serie, lo cual no me hace ni mejor ni peor que los que lo hacen. Simplemente respeto la libertad de cada uno a hacer lo que quiera: hablando por el móvil, enviando mensajes de WhatsApp, Facebook o Instagram o viendo series de plataformas digitales. Sin interesarles otra realidad que la ficticia, a lo mejor es otra forma de manipulación para que la gente no se preocupe por los problemas reales o para huir de ellos. Porque el problema no es la tecnología, es el capitalismo y el uso que hace de ella…

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