El revisionismo es un negacionismo de los hechos, es cuestionar el pasado histórico. La ominosa proposición aprobada por la corporación municipal derechista en Madrid, del 29 de septiembre, de eliminar del callejero de la capital los nombres de los socialistas Francisco Largo Caballero e Indalecio Prieto, es una forma de blanquear la dictadura franquista, querer ocultar la lucha de la resistencia e ir en contra de los derechos y libertades. La propuesta de Vox, avalada por el PP y Ciudadanos, respaldándose en la Ley de Memoria Histórica, es una tomadura de pelo, para todas las personas y organizaciones de convicciones democráticas, en un vergonzoso intento de comparar a los golpistas fascistas con el gobierno legítimo de la II República. Cuando la derecha protesta de los ataques a la monarquía por parte de los partidos progresistas, ellos se dedican al contrataque, buscando una manipulación histórica.

El revisionismo pretende mostrar la «historia verdadera», aunque de cada suceso histórico no hay dos versiones sino varias, el intento de reconstruir el pasado siempre tendrá explicaciones divergentes, porque siempre está el relato de los vencedores contra los perdedores. La extrema derecha pretende construir una versión maniqueísta de la historia, donde buscan villanos para blanquear la dictadura franquista, donde intentan vender una versión engreída y bien vendida, donde muchos que no conocen o no quieren conocer la historia, pueden convencerse de la necesidad de retirar el nombre de Largo Caballero y de Indalecio Prieto de las calles de la capital. Pero, que nadie se olvide que ambos fueron ministros de la Segunda República y Largo Caballero fue también presidente del Gobierno de la República. Se trata, de altos mandatarios de un régimen legal y legítimo que era la Segunda República española, con unos crímenes atribuidos que son pura invención y que ambos tuvieron que morir en el exilio.

Es un intento más de la derecha en el consistorio madrileño, de querer borrar un pasado democrático que se quiere hacer desaparecer, como en noviembre de 2019, en el caso del memorial en recuerdo a los fusilados durante el Franquismo del Cementerio del Este, entre 1939 y 1944, en que se arrancó las lápidas con 2.937 nombres, que estaban ordenados por la fecha en la que estas personas fueron asesinadas. Una humillación a las víctimas y a los familiares de los asesinados, que llevaban décadas esperando el reconocimiento de la democracia a personas que fueron asesinadas por defender la democracia. Es la venganza de la ultraderecha por la exhumación de Franco. Lo lamentable es que tanto el PP como el partido Ciudadanos, están dominados por el relato de Vox, una pésima noticia para esos votantes conservadores que son impecables demócratas y que se están dejando llevar por la ultraderecha.

Hoy coincidiendo con el 151º aniversario del nacimiento de Largo Caballero, el 15 de octubre de 1869, se ha procedido por unos operarios a martillazos, a la retirada de la placa que el presidente republicano tenía en su casa natal en la plaza de Chamberí, que fue aprobada por unanimidad en el Ayuntamiento de Madrid hace 39 años. La ultraderecha de Vox, ha conseguido saltarse toda la legalidad y quitar la placa del «Lenin español», según la ultraderecha, además de lanzar un tuit en el que se compartía la imagen de la pintada en la estatua de Largo Caballero, en Nuevos Ministerios, con una amenaza: “Derogad la Ley de Memoria Histórica. Primer aviso”. ¿Hasta dónde hemos llegado? Cuando no solo es el revisionismo de la extrema derecha, sino también sus amenazas, con el objetivo de ir en contra de la Memoria Democrática y de justificar la dictadura franquista. Me da miedo, pero como dijo Miguel de Unamuno, “Venceréis, pero no convenceréis”, revisar la historia puede ser necesario para ubicarse, pero manipular la historia con el revisionismo, es tendencioso y muy peligroso… 

 

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