El Consejo de Ministros de hoy viernes ha aprobado el decreto ley por el cual se habilita la exhumación del dictador Francisco Franco, del Valle de los Caídos. Hay que tener mala memoria para olvidar que Franco fue un dictador, que su régimen político se impuso por la fuerza a un régimen democrático, que durante casi 40 años concentró todo el  poder en su persona, que reprimió los derechos humanos y las libertades individuales. A lo mejor para algunos la exhumación de Franco es un sacrilegio, pero Franco fue enterrado con todos los honores de Jefe de Estado en el Valle de los Caídos y un dictador no se merece ni honores ni un mausoleo.

Necesitamos mucha información y mucha capacidad crítica para limpiar nuestra mente de esos logros y comentarios favorables sobre Franco, que estamos escuchando en los medios de comunicación estos días. No recordaba tantos franquistas, llenando la ausencia de noticias de un mes de agosto. Todos no pensamos ni debemos pensar igual, pero el negacionismo  exhibido por estos individuos e individuas, que eligen negar la realidad del franquismo, me parece una tomadura de pelo. No se puede evadir esa verdad incómoda de que Franco fue un dictador, y que el mito de 40 años de paz fue sustituido por la falta de libertad.

La exhumación de Franco es urgente y necesaria, porque como dijo la vicepresidenta Carmen Calvo: «Es urgente porque vamos tarde». Demasiado tiempo ha pasado para no exhumar al dictador del Valle de los Caídos, que fue inhumado ahí sin ser víctima de la Guerra Civil. Un mausoleo construido con el trabajo forzoso de miles de presos políticos bajo condiciones inhumanas, con los cuerpos de casi 34.000 personas de ambos bandos, que están ahí inhumadas, sin consentimiento o conocimiento de sus familiares.  Un símbolo franquista y fascista que no representa la memoria objetiva de la guerra y sus víctimas.

Puede haber temas más importantes que resolver en el presente, como dicen algunos políticos… Pero, la exhumación de Franco, es una cosa de esas que está pendiente y urgente por solucionar. Como también, la nulidad de las sentencias adoptadas durante la Guerra Civil y el Franquismo (1939-1975). Y, sin olvidar que ochenta años después de la Guerra Civil, continúan en paradero desconocido, en cunetas y fosas comunes, más de 114.000 personas que también es necesaria su exhumación y la identificación de los restos. El Estado tiene esta obligación con la historia, para el esclarecimiento de los hechos y la reparación de las víctimas y sus familiares.

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