Los demócratas, tenemos un debate, de qué debemos hacer contra el fascismo: debatir o combatir. En un estado de derecho, se debe descartar la ley del talión. El fascismo ha entrado en nuestras instituciones con el voto de la ciudadanía y eso les sirve para ampararse en el sistema, aprovecharse de sus debilidades y en lugar de fortalecer y salvaguardar las instituciones democráticas, las atacan desde dentro. Las provocaciones fascistas atacan los principios más básicos de las libertades cívicas y los derechos humanos, alaban el franquismo, desprecian a los gobiernos elegidos democráticamente e intentan dinamitar los pilares básicos de la convivencia. En el contexto de la democracia, el fascismo utiliza la protección de la democracia para utilizar la libertad de expresarse y exigir que las instituciones les rindan cuentas.

La democracia en España, está sustentada en la dictadura franquista-fascista, con una Transición Española, que creó un sistema descafeinado en el que no se supo curar las heridas y donde la extrema derecha permaneció oculta bajo las siglas del Partido Popular. El fascismo busca el debate, porque es donde están más cómodos, porque la democracia les salvaguarda sus derechos y les permite exponer sus principios y atacar a sus contrincantes. Los demócratas solo les queda caer en la provocación de los fascistas o establecer un cordón sanitario para evitar que se expandan. La extrema derecha obtiene lo que busca y la oposición no encuentra la forma de combatirlos. Ni vale ausentarse de un debate, ni merece la pena intentar debatir con los que no quieren hacerlo. Tampoco ayuda que la otra derecha, mantenga una equidistancia, como forma de no combatir el fascismo. Buscando siempre las comparaciones odiosas de poner en un mismo plano político a un partido fascista y a Unidas Podemos, culpandose entre unos y otros de haber comenzado la violencia y de no condenarla a tiempo.

La ilegalización de Vox es impensable en esta democracia, donde su libertad ideológica y la libertad de expresión les ampara. Así un partido con mensajes claramente excluyentes, en contra de las minorías, con sus sesgos racistas y machistas, ponen en tela de juicio principios fundamentales que son acogidos por los adeptos y votantes de Vox. Se aprovechan de que el sistema les ampara porque son legales, van contra el propio sistema. Se permiten decir que este gobierno «es el peor de los 80 últimos años» lo cual significa que se niegan a condenar al franquismo. Hacen carteles similar a los nazis en contra de los MENA; buscan la confrontación haciendo reuniones y dando mítines para aparecer en los medios y buscar la victimización, vendiendo una falsa idea de libertad. La idea de que el fascismo no se debate sino se combate, no se debe confundir con caer en la violencia física o dialéctica, el fascismo se combate votando a partidos más progresistas y democráticos.

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