La estadística nos muestra la frecuencia relativa con la que se producen ciertos sucesos y el supuesto grado de probabilidad de que puedan suceder de nuevo, para tomar decisiones para resolverlos. Pero, si mi vecino se come dos jamones al mes y yo no me como ninguno, nos dirá que nos comemos uno cada uno. Por lo tanto, la estadística puede ser una forma de interpretar los datos incorrectamente y llevarnos a tomar decisiones equivocadas. Además, de que muchas veces, se ofrecen estadísticas construidas deliberadamente con el objeto de demostrar algo y conseguir una influencia en la opinión. En definitiva, nos pueden ofrecer marcos erróneos, errores de presentación o sesgos y lecturas erróneas.

Estamos acostumbrados a ver estadísticas de todo y para todo, omitiendo los aspectos que se quieren ocultar, añadiendo connotaciones positivas o negativas, resaltando unos determinados datos y omitiendo otros, comparando con otros períodos que no tiene nada que ver. En definitiva, presentando los resultados según la conveniencia y la interpretación de cada uno, en las cuales no sirven ni interpretaciones binarias, ni que los porcentajes sean ni siquiera significativos, ni por supuesto se vuelvan a repetir los sucesos de la misma manera. La sociedad debe tener a su disposición la información correcta que precisa para la realización de sus propios fines y ha de servir para la toma de decisiones, bien sea a gobiernos, partidos políticos, grupos económicos o a la sociedad en general.  

La estadística nos ofrece también los datos de la explotación laboral, que publica todos los meses el Servicio Público de Empleo (antiguo INEM), y el desempleo estimado en la Encuesta de Población Activa (EPA)que cada tres meses da a conocer el Instituto Nacional de Estadística (INE). La diferencia se basa en el cálculo, mientras una se basa en el paro registrado, que contempla únicamente a las personas inscritas en las oficinas públicas de empleo. La EPA  es una encuesta continua y de periodicidad trimestral, dirigida a las viviendas familiares, en las que se considera a una persona en desempleo por el INE sin estar inscrita en una oficina pública de empleo.

El número de parados registrados en las oficinas de los servicios públicos de empleo ha aumentado en agosto en 54.371 personas respecto al mes anterior. Por su parte, la Seguridad Social perdió en agosto una media de 212.984 afiliados respecto al mes anterior. En definitiva, el aumento del paro y el descenso de la afiliación en agosto en una constante en toda la serie histórica, coincidiendo con el fin de la temporada estival. No son solo números, ni gráficos de barras o por sectores, son decenas de miles de personas, en situación de desempleo, algunos sin ninguna prestación económica y que tienen ante ellos un mercado de trabajo que solo les ofrece temporalidad. 

La estadística nos engaña un mes tras otro, cuando aumenta el empleo son contratos temporales de corta duración o de jornada parcial con sueldos miserables. Y, cuando aumentan las cifras del paro descubrimos lo que tenemos, que muy pocos tienen derecho a cobrar el subsidio del paro, que unos pocos son beneficiarios de una prestación contributiva y  que el resto no tienen derecho a ninguna ayuda ni subsidio. Es decir, que no volverán a percibir un sueldo hasta el próximo trabajo, generando una especie de aceptación social del empleo irregular y de la economía sumergida. Creando una fractura social intolerable, quedando en un claro riesgo de pobreza. Tanto si trabajan como si están en desempleo seguirán siendo pobres. 

El aumento del empleo un mes y del desempleo al mes siguiente, solo nos dice que algo no funciona: que hace falta una legislación mejorable, que hay un insuficiente compromiso por parte del gobierno pero especialmente de la patronal. Porque la explotación laboral está atentando contra la dignidad de todos los trabajadores y en especial contra las mujeres, los jóvenes y los colectivos de trabajadores más vulnerables, como los extranjeros. Los datos estadísticos, nos muestran esos contratos caracterizados por la temporalidad, horarios abusivos, inferiores derechos en función del puesto desarrollado, pago de un salario inferior al legalmente establecido, falta de medidas de seguridad… Todos esos datos que cambiarán por estacionalidad y volverán a repetirse, en su lado negativo, cuando acabe dicha temporalidad…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *