Nadie conoce qué nos deparará el futuro, aunque muchas veces viendo el presente, tenemos la percepción de un futuro limitante, aunque a diferencia del pasado, en teoría aún tenemos la posibilidad de poderlo cambiar. El futuro es algo desconocido y por eso tenemos miedo a que ciertas cosas puedan determinarlo y lo demos todo por perdido. El presente se ha tornado también incierto, decepcionante y con una cierta desesperanza, es cuestión de autoestima afrontarlo de una manera limitante o potenciadora. La pandemia del coronavirus ha sido una cura de humildad para la humanidad, en la cual nos hemos sumido en una gran decepción, por habernos sentido vulnerables. Cuando comienza un nuevo año, cuando no podemos hacer lo que queremos, pensamos en lo que no hicimos, en lo que deberíamos haber hecho y en todo que deseamos hacer. Cuando pensamos en el futuro, fijamos planes, metas e incluso nos hacemos promesas, con nuestra actitud miramos al futuro. Pero, cuando existe  incertidumbre y tenemos percepción de miedo en el presente, también cambia nuestra manera de mirar el futuro que nos espera.

El planteamiento de un futuro limitante depende de la economía y por supuesto del empleo. Según los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA ), durante los tres meses del estado de alarma, en pleno parón económico, el paro ha subido 55.000 personas y más de un millón de empleos destruidos. Hemos superado todos los registros de la crisis de 2008 en descenso de la ocupación y el dato del paro es el peor desde 2012. Otro punto que falsea las cifras es quela EPA tampoco considera parados a los ERTE, los casi 3,4 millones (3.386.785) de trabajadores afectados por ERTE durante los meses de pandemia por el COVID-19.se consideran ocupados. Pero, el problema será a partir del 30 de septiembre, cuando se acabe el acuerdo entre el Gobierno y los agentes sociales, cuando esas mujeres y hombres que trabajaban en la hostelería, en el turismo en general, en el comercio, en la automoción…, que ahora están en un expediente de regulación temporal de empleo (ERTE) se conviertan en personas desempleadas. 

Si los trabajadores que siguen en ERTE no vuelven a trabajar, si los que han vuelto no logran mantener su puesto de trabajo o si los inactivos no encuentran un empleo de manera inminente, los trabajadores y trabajadoras estarán sujetos al compromiso por parte de la empresa de mantener el empleo durante seis meses desde la reanudación de la actividad, pero ¿después qué? Entonces, serán todavía peor las cifras y eso sin que sigan los rebrotes y pueda haber otro confinamiento. ¿Cuál es el futuro limitante que nos espera? ¿Qué pasará cuando las empresas dejen de tener las exoneraciones de cuotas empresariales?  ¿Qué sucederá cuando la tasa de paro se dispare del 15,3% actual, al no se sabe? ¿Hasta cuando se deberá demorar la recuperación? La pandemia del coronavirus ha demostrado, una vez más, que este sistema económico no funciona, que hay que buscar otra forma de organizar y gestionar los recursos de los que se dispone, que esta actividad económica y esta producción de bienes y prestación de servicios solo genera desigualdad, arrastrándonos a un estado de resignación. 

Un comentario sobre “El futuro limitante que nos espera.”

  1. No me atrevo a decir como dice el filosofo esloveno Slavoj Zizek, que hay que buscar alguna forma de comunismo reinventado, como alternativa a un capitalismo que ha demostrado sus debilidades. No puedo hablar de las ventajas, ni de las nostalgias del comunismo, pero si estoy seguro de que el capitalismo no funciona. El capitalismo, es en teoría, un motor económico de la sociedad, un generador de ideas, un potenciador de iniciativas empresariales y de libre competencia, que se sustenta en la libertad y en la dignidad de las personas. El sistema de economía de mercado se basa: en la propiedad privada de los medios de producción, en un sistema de precios como instrumento óptimo para la asignación de recursos y de mecanismos del mercado, creando y satisfaciendo necesidades a los demás. Donde la maximización de los beneficios es lo más importante.

    El desarrollo de la actividad económica, no nos permite hablar de un capitalismo ético. La iniciativa empresarial asume un riesgo porque no tienen garantizado el acierto de su acción y eso les legitima para lograr el máximo de beneficios, que la competencia les permita. Para los empresarios su gestión supone un riesgo y una actitud permanente de incertidumbre, donde el beneficio es la garantía de la continuidad de la empresa y al mismo tiempo la garantía de crear y mantener puestos de trabajo. Otra cosa diferente, son las condiciones de precariedad que ofrecen a sus trabajadores.

    Es un sistema que supuestamente funciona, que todos lo hemos aceptado y que estamos dentro de sus engranajes, porque el supuesto comunismo no funcionó. Pero, el capitalismo tampoco funciona, si como dijo Winston Churchill: «La democracia es el menos malo de los sistemas políticos”, a lo mejor el capitalismo también es el menos malo de los sistemas económicos. ¿Es culpa del capitalismo, esta crisis y todas las crisis? Yo creo que sí, a lo mejor como dice el filósofo Slavoj Zizek: » La gente está drogada, dormida, hay que despertarla»…

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