La apropiación de la palabra libertad por parte de la derecha española, ha ido cambiando a lo largo de los años. Si durante el franquismo, unos defendían la paz, otros defendían la libertad, muriendo, acabando en las prisiones o huyendo de España. Ahora, la derecha española se quiere convertir en el adalid de la libertad, aunque quizás lo llaman libertad cuando quieren decir otra cosa. Durante muchos años, se utilizó el dolor de la Guerra Civil, para reforzar el concepto de paz por parte de la dictadura franquista, una paz que no buscaba ni la libertad, ni la democracia. Una paz en la que intelectuales, artistas, políticos y gente de a pie, vivían amordazados por la dictadura franquista, sometidos a la represión fascista, a la censura y a la falta de libertad.

Es paradójico, que ahora, los que convirtieron a España en cuarteles, trincheras, iglesias y cementerios en nombre de la libertad y del beneficio de unos pocos, ahora se dediquen a apropiarse de nuevo, de la palabra libertad. Luchar por la libertad es querer una sociedad libre, con pluralismo político, cultural y de expresión. Donde se tienda a la eliminación de conductas que estén a la raíz de desigualdades de género, de raza o de religión. Luchar por la libertad es no tener leyes que recorten o persigan la libertad de conciencia, de expresión o de reunión. Donde las minorías no sean perseguidas, que sean respetadas por razones de etnia, ideológicas, de religión, de sexo, de capacidades diferentes o cualquier circunstancia social. Libertad es la defensa de los derechos humanos, de la dignidad de la persona y de la eliminación de diferencias. La derecha quizás es la menos apropiada para la apropiación de la palabra libertad en España.

La libertad es de todos, nadie nos la puede quitar, nadie nos puede imponer el ser o no libres, es un derecho y un principio propio de cada persona, que lo adquirimos al nacer. Incluso un preso que no puede elegir, tiene la libertad de poder pensar, de expresarse, de imaginar su liberación. Por cuestiones culturales tenemos prejuicios que no nos permiten ser libres completamente a cada uno de nosotros, pero lo que nunca se puede permitir es que el Estado nos coarte la libertad. No es cuestión de «comunismo o libertad», como el eslogan que nos intenta vender en Madrid la presidenta Isabel Díaz Ayuso usado también por el partido Alternativa para Alemania, de corte ultraderechista, euroescéptico y xenófobo.

Todos los prefijos «ismos» como: comunismo, socialismo, fascismo, racismo, feminismo, capitalismo, terrorismo o nacionalismo son peligrosos y todos de cierta manera pueden crear fanatismo. Ninguno de ellos pueden apropiarse de la palabra libertad en exclusiva, sino respetan las ideas que tenemos sobre las cosas, lo que opinamos de la realidad y la diversidad. No puede existir una óptica radical y excluyente, que olvide la capacidad de autocrítica y confunda la percepción de la realidad, con una verdad universal. Que no admita que hay personas diferentes y que piensen distinto. No sé si la izquierda española es capaz de asegurar la libertad, pero de lo que estoy convencido es que esta derecha española, es la menos apropiada para la apropiación de la palabra libertad.

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