En la Asamblea de Podemos, los asistentes han implorado «unidad» una y otra vez, al empezar y acabar las intervenciones de Iglesias y Errejón. La unidad o pluralidad en Podemos, es un dilema en la actualidad. Podemos se ha convertido en un partido confrontado en dos grandes familias: pablistas y errejonistas. Y, una tercera algo más pequeña, que es la corriente anticapitalista. Los simpatizantes de Podemos quieren la unidad, pero la guerra interna entre Iglesias y Errejón, los ha convertido en enemigos.

Cuando se acordó que el congreso de Podemos se hiciera en la mismas fechas que el del PP: para que los españoles pudieran comparar los dos proyectos de país. No había comenzado aún esa guerra interna en Podemos por el poder, donde el personalismo condiciona el debate de las ideas. Pablo Iglesias e Iñigo Errejón han abierto una dicotomía en la forma de entender la política entre la dialéctica del enfrentamiento y el transformar la sociedad a través del diálogo y la negociación. Iglesias pensó que nadie dentro del partido estaba en condiciones de disputarle el liderazgo.

Iglesias se ha presentado como el secretario general de una parte del partido, no de todas las que lo forman. La unidad no significa uniformidad, sino integrar y reconocer la pluralidad de Podemos. En el primer congreso de Podemos, se discutieron y votaron, por un lado, la estrategia política y el modelo organizativo de partido y, por otro, la elección de los dirigentes que los llevarían a la práctica. Ahora, Iglesias argumenta que las candidaturas van en función de los planteamientos políticos.

Iglesias ha ganado el congreso, todos los documentos de Pablo Iglesias han salido salen vencedores frente a los postulados de Íñigo Errejón. Pablo Iglesias seguirá ostentando el liderazgo del partido con el 60% del Consejo Ciudadano Estatal, el órgano de dirección del partido, reforzado por la elección de su estrategia y línea política y con la mayoría de su equipo en la dirección del partido. Errejón mantiene más de un 30%, pero insuficiente para imponer su hoja de ruta. Por su parte, los anticapitalistas lograron el 13% de los votos.

Ahora, Iglesias deberá elegir entre la unidad o integrar a cambio de ceder ciertas parcelas de poder. Esperemos que no confunda la unidad con llevar a cabo una purga interna que desaloje por completo a los dirigentes cercanos a Errejón, sería una grave equivocación. Iglesias tiene el control orgánico del partido, el debate es, si se producirá el giro a la izquierda y la pérdida de la transversalidad. Iglesias ha apostado muy fuerte,  llegando incluso a amenazar con abandonar el escaño de diputado si no lograba el triunfo. Ahora, el futuro de Podemos está en manos de Pablo Iglesias, el tiene que reforzar un partido que se encuentra dividido, sin unidad tanto entre sus bases, sus dirigentes y sus votantes, si quiere aspirar a ser un partido de poder o simplemente un partido minoritario en la oposición.

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