La distopía, el antónimo de la utopía, es lo que viven los refugiados en esta Europa, no es una ficción es una cruda realidad. Esta realidad distópica sirve para mostrarnos la xenofobia, la lentitud y la insuficiencia de medios para acoger a esas personas que huyen de sus países. Todo esto roza la obscenidad de la voluntad política de esta Europa. Porque, parece que detrás de la palabras refugiados y migrantes, nos olvidamos que hay personas: mujeres, hombres, niños y niñas que mueren ante la indiferencia de casi todo el mundo. Parece que nos da igual que mueran sepultados por la nieve o ahogados en el Mediterráneo.

Una intensa ola de frío polar afecta a Europa Central y del Este desde el 5 de enero. Más de una veintena de personas han muerto en las últimas horas en diversos lugares de Europa, la ola de frío que barre Polonia, Serbia, Bulgaria, Albania,República Checa, Bosnia-Herzegovina, Croacia, Hungría, Rumanía, Grecia, Turquía… Temperaturas nocturnas que llegarán hasta mínimas de 30 grados bajo cero,  fuertes vientos que hacen que la sensación térmica sea de 40 grados y fuertes nevadas que han causado la interrupción de parte del servicio de transporte público y la reducción al mínimo del tráfico de vehículos. Parece que estamos leyendo o escuchando un parte meteorológico, pero esta situación la están padeciendo los refugiados que intentan llegar a Europa.

A las muertes en el Mediterráneo se suman los fallecimientos por hipotermia de refugiados y migrantes en su intento por encontrar un lugar seguro donde pasar el invierno. Miles de inmigrantes indocumentados y refugiados malviven en campamentos mal adaptados al invierno en Grecia y los Balcanes, bajo tiendas de campaña, de plástico, sin calefacción, rodeados de nieve, sin alimentos y medicinas.

La insensibilidad ante el dolor, la falta de empatía de unos dirigentes políticos que miran para otro lado, que hace ya dos años que los Gobiernos de la UE acordaron repartir 160.000 refugiados de los campamentos de Grecia e Italia y han sido incapaces de hacer cumplir su propia decisión. España debe acoger a 17.337 personas antes de septiembre de 2017 y solo ha acogido un total de 1.034. Seguiremos viendo, escuchando, leyendo las noticias de la ola de frío, preocupados por si llega a nuestras ciudades y mientras seguirán muriendo personas ante la más impasible indiferencia, no hablamos de idealizar la realidad pero queda en relevancia la distopía que acontece alrededor nuestro.

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