Me molesta perder el tiempo, en hablar de un héroe del tenis que ha querido ser villano del negacionismo y se ha quedado en villano. Por querer estar por encima del bien y del mal, por aceptar la dualidad que rige su vida sin que afecte el equilibrio de sus pensamientos, por creerse estar por encima del bien y del mal y creer que actúa correctamente. Por permitirse engañar a todo el mundo, por querer intentar sentar las bases de una nueva ética: la de no vacunarse y la de no aceptar las consecuencias. Novak Djokovic no es una persona que actúa por impulso o que tiene capacidades de razonamiento limitadas y por eso no puede comprenderlos, es simplemente un negacionista de la ciencia. Que nadie le puede obligar a cambiar sus ideas, pero que tiene que atenerse a las normas de la sociedad. Se creía un ser injuzgable o inmune a la ley, en un nivel donde no importa si lo que haces es bueno o malo. Pero, la Justicia australiana ha denegado la apelación del tenista serbio y ha decidido mantener la decisión del Gobierno de retirarle el visado por motivos sanitarios y del mantenimiento del orden, ya que si se le permite quedarse en el país puede avivar el sentimiento de las personas que se oponen a vacunarse contra la covid-19.

Con esta decisión judicial se pone punto y final a un proceso que comenzó el pasado 6 de enero cuando el gobierno australiano decidía  retirar el visado Djokovic, que cuatro días más tarde la justicia australiana revocaba la orden de cancelación del visado y ordenaba su liberación inmediata. Durante todos estos días el negacionismo ha tenido su héroe, ahora Djokovic se enfrenta a su futuro con la decisión final de vacunarse o no contra el Covid, si quiere seguir compitiendo. Porque lo lógico sería, que el resto de países en que pueda jugar, le exijan que esté vacunado. Muchas veces, el negacionismo tiene su apoyo en la falta de ideas claras: Djokovic es libre de no vacunarse, pero también de cumplir las mismas normas que el resto de ciudadanos. Por ser un héroe del tenis, no se está por encima del bien y del mal.

El ser humano ha tenido que escuchar que los negacionistas rechazaron la tesis de Galileo, de que la Tierra giraba alrededor del Sol. Los creacionistas, siglo y medio después de la teoría de Darwin, siguen negando la evolución de las especies. Algunos siguen negando el negacionismo del Holocausto nazi en la Segunda Guerra Mundial. Y, muchos no se creen que Armstrong llegara a la luna en el Apolo XI. Ahora, están los negacionistas del covid: de su origen, de que no existe, del uso de la mascarilla y que la vacuna es para introducir “microchips” en el organismo a través del cual se controla a la población. Usted es libre de pensar lo que quiera, respeto su libertad, pero yo no quiero ser un negacionista…

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