El debate electoral de ayer lunes, ha sido la constatación de lo que no es confrontar ideas y de no combatir el relato de la ultraderecha. Se han enfrentado los cinco candidatos principales a presidir el Gobierno en las elecciones del próximo domingo 10-N, Pedro Sánchez, del PSOE; Pablo Casado, del PP; Albert Rivera, de Ciudadanos; Pablo Iglesias, de Unidas Podemos y Santiago Abascal, de Vox. Será el único debate de estas características que se celebrará durante esta corta campaña electoral.

A nuestros políticos les gusta llenar espacios de adeptos, soltar monólogos salpicados de ataques a los adversarios. Pero, tienen miedo a las preguntas, no les gusta debatir. Han conseguido negarse a las interpelaciones de los periodistas haciendo ruedas de prensa sin preguntas o poniendo un plasma. Cuando llegan las campañas electorales, cada vez hay menos debates en la televisión y todos son demasiado regulados, acartonados y sin capacidad de hacer preguntas y repreguntas por parte de los entrevistadores.

Tienen miedo a confrontar, por hacer el ridículo, por no conceder ventajas a sus adversarios y muchas veces por no tener más argumentos. Se olvidan que los debates son la oportunidad que tienen de poder convencer a los que no son sus adeptos, porque en un mitin de partido solo van los afiliados y simpatizantes. Pero, no quieren correr riesgos. Los que están en el poder no quieren los debates, porque piensan que son una oportunidad para los rivales y el resto simplemente no los aprovechan. Se han convertido en un espectáculo visual de mostrar cartelitos y de llevar objetos para llamar la atención. La imagen quieren que sea más importante que la palabra y el ataque personal más que los argumentos personales. En un debate a cinco, es más complicado el confrontar y mucho más cuando todo está tan regulado y tan poco abierto.

Pero, cuando en un debate hay un partido como Vox y se le deja hacer un relato y no se combate con un contrarelato, les estamos dando una ventaja en dicho debate y se convierte más en mitin. Si le intentan aislar, no se les presta atención cuando habla, no se le rebate, los espectadores están escuchando sus mentiras que se multiplican sin que nadie sea capaz de desmontarlas. Vox ha sido el triunfador del debate, porque le han dejado los demás. Ni siquiera ha servido el debate para atizar el miedo a la ultraderecha. A lo mejor un debate no es decisivo, pero muchos españoles y españolas votarán a Vox gracias a su estrategia y a la falta de empeño por el resto de adversarios…

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