El pragmatismo, es la posición política que consiste en aceptar el recorte de las ideologías por consideraciones prácticas, el fundador del pragmatismo es el filósofo norteamericano William James, del cual procede el nombre de Pragmatismo. Hablar de pragmatismo es también la ambigüedad en los grandes asuntos, ceder un poco en los principios y adecuarse de acuerdo a como se presentan las circunstancias de cada momento, en definitiva adaptarse a la realidad y al ritmo de las cosas.

Podemos se presenta a la Elecciones Andaluzas 2.015, con posibilidades de asumir mayores responsabilidades, pero cambiando su discurso y planteamientos por un pragmatismo que lo aleja de sus inicios. No sabemos si es una estrategia electoral o un proceso que le convertirá en un partido más. Teresa Rodríguez, candidata de Podemos a la presidencia de la Junta de Andalucía, ha admitido en la campaña que cualquier cosa que no fuera ganar, sería un fracaso para su formación política, se está poniendo muy alto el listón cuando se tiene una dicotomía entre la identidad de Podemos y lo que hará si gobierna. Se está pagando la inexperiencia, pero también la improvisación y el desconocimiento de temas importantes en Andalucía como el Per  que no es una limosna y la Semana Santa que va más allá del significado religioso. La moderación del discurso, que el resto de cuadros del partido no tienen la fuerza mediática de sus dirigentes nacionales, la también falta de ambición en ganar y conformarse con 20 o 25 escaños, la falta de respuesta contundente y no corporativa a los supuestos casos de corrupción de Iñigo Errejón y Juan Carlos Monedero todo esto frenará el efecto Podemos en Andalucía.

Podemos ha intentado desmarcarse siempre de los partidos tradicionales, por su transparencia, pero no puede coger costumbres de los partidos de «la casta» porque de ello dependerá que la ilusión de sus seguidores se pierda. No basta con decir que PSOE y PP son prácticamente lo mismo, hay que practicar con el ejemplo, hay que ser coherentes.

Podemos no puede apostar por leves reformas, tiene que apostar por una profunda transformación de entender la política, por cambiar, pero también debe conocer Andalucía y lo que quieren los andaluces, sin caer en sectarismos y dogmatismos absurdos. Andalucía es diferente, porque siempre se ha mantenido fuerte frente a la derecha del PP, que lo ha identificado como los representantes políticos de la oligarquía económica y los terratenientes en Andalucía. Podemos tiene una oportunidad histórica de cambio, nadie es perfecto, pero si no lo consiguen deben entrar en el posibilismo político y con el resto de fuerzas de izquierdas hacer que Andalucía progrese.

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