La fotografía de un niño muerto tendido en la playa ha despertado conciencias, ha aparecido en todos los medios de comunicación y por supuesto viral en todas las redes sociales. Sabemos que el niño se llamaba Aylan Kurdi, tenía tres años y murió junto a su hermano Galip de cinco años y junto a su madre. Era solo un niño, un niño más de los que intenta cada día alcanzar las costas de Europa, huyendo de la guerra. Es triste que la fotografía de un niño muerto nos afecte más que las noticias que nos informan de cientos o miles de muertes. Somos tan hipócritas, tan mojigatos que nos afecta más una foto que el propio hecho. Porque las cifras de muertes nos parecen abstractas mientras una imagen que da vueltas al mundo parece que nos afecte más.

Estamos hablando de una guerra en Siria, la crisis comenzó a inicios de 2011, cuando parte de los sirios siguiendo la estela de Túnez, Libia y Egipto, lo que se llamó la «primavera árabe» se alzaron en una serie de protestas en contra del gobierno. El régimen respondió con dureza y sofocó las protestas con mano dura. El presidente Al Assad resiste con el apoyo de Rusia e Irán, pero el Ejército sirio da muestras de agotamiento después de cuatro años de guerra. Un país roto en tres pedazos: uno en manos del régimen, otro de las milicias kurdas al norte y una tercera zona bajo control de los grupos armados de la oposición, con el Estado Islámico a la cabeza.

Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), que tiene su sede en Londres, afirma que han muerto más de 310.00 personas desde 2.011, Más de 310.000 personas han muerto en Siria, entre ellas casi 105.000 civiles y 11.000 de ellos eran niños desde el comienzo de la guerra civil, A lo que hay que añadir en números abstractos que además hay cuatro millones de refugiados sirios que se hacinan en campamentos de Jordania,Iraq, Líbano y Turquía.  Y, que seguirán muriendo en esa desesperada huida que han emprendido miles de sirios a Europa.

Dicen que una imagen vale más que mil palabras, pero la imagen de un niño muerto en la playa no puede hacernos olvidar esos 310.000 muertos, 11.000 de ellos niños y más de 2.000 personas que han perdido la vida en el Mediterráneo desde el inicio del año por llegar a Europa. Que la muerte de Aylan sirva para no olvidar todos los que han muerto y como dijo Abdulá Kurdi, padre de Aylán a los periodistas: «Queremos la atención del mundo, para impedir que cosas como éstas les pasen a otros».

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