La sensatez es la cualidad de las personas prudentes, es actuar con sentido común, con buen juicio, tomando decisiones con madurez y cordura, que sería conveniente lo hiciera la generalidad de las personas. A partir de hoy domingo 21 de junio, se podrá circular con total libertad por toda España, ya que finaliza la última prórroga del estado de alarma decretado para hacer frente a la pandemia de la COVID-19. Serán los gobiernos autonómicos quienes serán los responsables de impulsan las medidas correspondientes en materia de salud pública para evitar posibles rebrotes de la COVID-19.

A partir de hoy la sensatez y responsabilidad personal de cada uno de nosotros y nosotras ante la libertad, sin confinamiento, sin restricciones, sin multas. Donde se mantiene la obligatoriedad del uso de mascarillas para personas de seis años de edad en adelante, su uso es obligatorio en la vía pública, espacios al aire libre y cerrados de uso público y en vehículos de transporte público y privados si los ocupantes no conviven en el mismo domicilio. Manteniendo las normas de higiene y distancia física. Ahora comienzan normas que difieren según la Comunidad Autónoma, en lo referente a  limitaciones en playas, piscinas, lugares públicos, fiestas populares o actividades al aire libre. Esta llamada nueva normalidad, acabará cuando se dé por concluida la pandemia y se tenga una vacuna.

Iremos recuperando la movilidad gradualmente para el regreso del turismo extranjero, podremos viajar, podremos hacer casi todo, pero recordando que el virus sigue aquí con nosotros. Que bajen los contagios y la mortalidad es fruto de las medidas que hemos tomado hasta ahora, pero si olvidamos dichas normas pueden haber rebrotes. Y, si los gobiernos autonómicos no son capaces de llevar actuaciones sobre grupos puntuales ante los rebrotes, podemos de nuevo retroceder a otras medidas que recorten de nuevo la libertad. Está en nuestras manos, en la sensatez, el sentido común y la responsabilidad de cada uno. Ya no tenemos el Gran Hermano que nos vigila, si hemos perdido el miedo al virus, habremos perdido nuestra sensatez y nos veremos expuestos a un riesgo que existe.

No solo es cuestión de prudencia y de responsabilidad, es pensar que a parte del trauma personal, está el riesgo colectivo, que con cada nuevo contagio o muerte, la pandemia está destruyendo muchas economías y exponiéndolas a las graves injusticias de nuestros sistemas existentes. Donde los impactos en el sistema económico mundial son desiguales y que afectan a los menos favorecidos. La crisis del coronavirus nos ha recordado un mundo de desigualdades, donde siempre les afecta más gravemente a los mismos. La responsabilidad no es solo por nuestra salud, es también por nuestro incierto futuro. Como dijo Carlo Magno: “De la conducta de cada uno de nosotros depende el futuro de todos”. 

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