Retrasar la jubilación o morir trabajando, parece la medida que está preparando el Gobierno de España, para evitar que el déficit de la Seguridad Social siga aumentando, que este año llegará al 2% del PIB, más de 25.000 millones de euros debido a la crisis de la pandemia de Covid-19 en las cuentas del Estado. El ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá, en su comparecencia en la comisión parlamentaria del Pacto de Toledo, ha comentado que la intención del Gobierno es fomentar el retraso voluntario de la jubilación. Buscando un rediseño de las bonificaciones que reciba quién decide alargar su vida laboral o cambiando la forma de compatibilizar el cobro de un salario y de una pensión.

En resumen, buscar formas para reducir o por menos congelar el déficit de la Seguridad Social y poder asegurar las pensiones futuras. Además, de adaptarse al hecho de cada vez se viven más años, lo cual significa que los periodos de jubilación son cada vez más prolongados, mientras cada vez es más difícil llegar a los años de cotización requeridos. Salvo para los funcionarios donde existe una edad de jubilación forzosa, para el resto de trabajadores la jubilación es un derecho y no una obligación, por lo tanto, un trabajador puede continuar trabajando más allá de la edad de jubilación que le corresponde. Pero, las preguntas son las siguientes: ¿merece la pena seguir trabajando por un porcentaje adicional en la pensión, una vez cumplida la edad reglamentaria? ¿todo el mundo, según su actividad, puede prorrogar su jubilación sin menoscabo en la calidad del trabajo? 

No es lo mismo un trabajador o trabajadora que realice un trabajo físico, que otro que tenga un trabajo más cómodo y adaptado a su edad. No es lo mismo un trabajador o trabajadora que se sienta a gusto en su puesto de trabajo y que pueda realizar sus funciones a plena satisfacción. A otros que realmente no puedan. Y, después están los que prefieren simplemente poner fin a su vida laboral y poder disfrutar de una jubilación merecida. Eso sin abrir la posibilidad de que cuanto más se alargue e incentive la edad de jubilación se entorpece la posibilidad de incorporar jóvenes al mercado laboral, lo que permite el relevo generacional. Aunque muchos especialistas piensan que la jubilación o permanencia de un trabajador de más edad no influye en la contratación de un joven, por pedir otro tipo de perfil profesional.

Por lo tanto, retrasar la jubilación debería ser una cuestión voluntaria y no bonificada, donde cada trabajador y trabajadora, pudiera decidir la continuidad o no de su vida laboral, dependiendo de la situación personal de cada uno y de las características de sus trabajos. Lo demás es perjudicar a miles de trabajadores y trabajadoras, que no pueden seguir trabajando y deberán seguir haciéndolo, para cobrar una pensión más decente. Pero eso, seguirá perjudicando la productividad y aumentando el absentismo laboral. Aparte, del nulo interés por parte de las empresas de mantener una plantilla de mayor edad y más costo económico.

Las empresas, en general, están expulsando a las personas trabajadoras de más edad, las empresas cada vez más externalizan sus tareas, cada vez trabajan menos personas por los procesos mecanizados, robotizados e informatizados, mientras que los nuevos contratos son precarios y estacionales. Nada de esto ayuda a la mala contabilidad del Estado y a la sostenibilidad del sistema, aumentando la incertidumbre entre trabajadores y pensionistas, pareciendo que la única opción sea retrasar la edad de jubilación o pagarse un seguro privado. Yo por mi parte, lo que quiero es jubilarme, prefiero cobrar menos y no tener que trabajar. Y, que cada uno opte libremente…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *