La exhumación de Franco ha llegado demasiado tarde, después de casi 44 años no supone ninguna reparación. No podemos decir, que más vale tarde que nunca. Ni siquiera de que nadie se sienta orgulloso. Era una obligación democrática el sacar a Franco del Valle de los Caídos, primero por sus víctimas y después por una cuestión de memoria y justicia. Todo el mundo tenía demasiado miedo a tocar a Franco.

Se ha convertido una exhumación, lo que es un mero acto administrativo en un acontecimiento histórico, periodístico y de enfrentamiento. Algo que decían que no interesaba a nadie, según los partidos conservadores, se ha convertido en la noticia más comentada. Su familia exigió honores militares y se les negó, pero al final un acto administrativo de sacar un cadáver se ha querido convertir en un espectáculo mediático.

Se ha confundido la transparencia, que tiene que haber en cualquier hecho en una democracia, en una ignominia. Un dictador no se merece todo el despliegue informativo, ni que su familia le lleve a hombros, ni que lleve el féretro la mayor honra militar española, la Laureada de San Fernando, ni una corona con un crespón con la bandera de España. Ni que sus familiares lleven una bandera preconstitucional, ni que se permitan vivas a Franco al meter el féretro en el coche. Ni recrearnos con planos de televisión del despegue del helicóptero y como fondo la cruz del Valle de los Caídos. Ni la espera de sus seguidores en las cercanías del cementerio de Mingorrubio y la aparición del golpista Antonio Tejero. Todo esto y más por todas las televisiones, radios y periódicos de España y de muchos medios extranjeros.

Era un momento histórico, pero se ha querido dar una escenografía excesiva a un acto que tenía que ser de reparación y justicia a sus víctimas. No quiero decir, que haya sido un funeral de estado, pero que la exhumación del dictador hubiera tenido que ser en privado y sin medios informativos. Franco ya tuvo su particular gloria durante cuarenta años, para ahora dar dignidad y publicidad a un dictador. Mientras que los otros muertos, los olvidados en cunetas y en fosas comunes, los que están sin identificar en el Valle de los Caídos, están condenados al olvido, sin ningún tipo de honores, sin la presencia de medios, ni de la ministra de Justicia. Y, por supuesto sin ninguna dotación presupuestaria por parte del Estado para realizar dichas exhumaciones, siendo a iniciativa de familiares o asociaciones particulares sin financiación alguna.

España se merece superar el pasado, enterrar dignamente a todos los asesinados en la Guerra Civil, no basta con exhumar e inhumar al dictador. Nunca se conseguirá la paz social y la reconciliación definitiva, con los muertos olvidados en cunetas y fosas comunes. Hace falta voluntad política para cerrar esta página de nuestra historia, es indigno gastarse unos 63.000 euros en la exhumación de Franco, que hubieran tenido que pagar su familia y no tener ni un euro público para exhumar y como reparación a más de 114.000 desaparecidos. Sin embargo eso no es noticia…

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