La preocupación es una reacción que tenemos todas las personas, para resolver nuestros problemas cuando los detectamos, porque muchas veces también los ignoramos. La presencia de un problema es muchas veces impredecible e indescifrable, pero nos toca afrontarlos y encontrar soluciones. No podemos ver la vida desde un estoicismo personal, en que no sintamos preocupaciones, ni angustias, ni frustraciones, pensando que todo lo que nos ocurre, no puede ser de otro manera. Una preocupación que tenemos todos ahora, es la forma de transmisión, la alta posibilidad de contagio o el seguimiento de la evolución del número de casos y muertes causadas por el coronavirus.

Las personas tenemos una gran capacidad de resiliencia, para afrontar las adversidades, pero esta situación nos está poniendo a prueba a todos nosotros. Estamos en una emergencia global de un grado incomparable, en la cual nadie supo prever su alcance y lo que es peor, con una falta de soluciones para atajar el problema. Donde los respectivos gobiernos de los países con contagios, no han sabido hacer una determinación del riesgo y de las consecuencias potenciales de la inacción; ni una evaluación científica lo más completa posible y la determinación de unas medidas a nivel internacional y donde ni se han puesto de acuerdo en las medidas de precaución.

Desde los años ochenta, el mundo ha sufrido cuatro grandes epidemias: Ébola, SARS, MERS y ahora el COVID-19. Las medidas de precaución deben de estar en función del nivel de riesgo: ¿por qué no se ponen de acuerdo, a nivel internacional, en el uso de la mascarilla para todos? ¿por qué no se toma la temperatura indiscriminadamente a todas las personas? ¿por qué no se hacen test para saber las personas que están contagiadas? ¿por qué no se separan las personas positivas de Covid-19 de las que no lo están?  ¿por que ha tardado en adoptar el confinamiento total?  No es suficiente las medidas de precaución desde una evaluación científica y objetiva, la determinación del riesgo debe adoptarla los gobernantes con la suficiente certeza. 

Es cierto, que tenemos total incertidumbre, en que no estamos seguros de nada sobre el coronavirus. En que se precipitan grandes cambios en muy poco tiempo, en que se dificulta mucho la predicción de los acontecimientos, en que hay una falta de recursos materiales y humanos. Todo eso redunda en que los contagios y los fallecimientos, la falta de criterios unificados, el confinamiento como única solución y la falta de una vacuna sobre el virus , nos hace sentir incertidumbre, nos hace sentir miedo y preocupación.

Cuando todo esto pase, nos quedará la crisis económica de millones de personas que perderán sus empleos, sus propiedades y su calidad de vida. Será el momento de reinventar un nuevo tipo de sociedad, donde las diferencias de clase y de capital no sean tan extremadamente dispares. Donde no exista la preocupación, de que los que no mueran del coronavirus, morirán en una crisis económica. Ese miedo a lo que nos deparará el futuro, que será más largo y más angustioso que este confinamiento…  

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