Un pacto de rentas es ponerse de acuerdo empresas y trabajadores, para repartir los sacrificios, tanto en la moderación de los márgenes y beneficios de las empresas, como en los incrementos en los sueldos, por parte de los trabajadores. Pero, cuando los empresarios reclaman contención salarial no están pensando en disminuir su beneficios, ni los trabajadores están dispuestos a perder prestaciones sociales, ni aumentos salariales. La patronal defiende aumentar sus beneficios y los trabajadores no perder su poder adquisitivo. Una lucha donde unos piensan que para distribuir, deben antes de aumentar sus rentas del capital. Y, los trabajadores generar rentas y donde los trabajadores tampoco están dispuestos a ser los únicos que pierdan.

Por eso, es tan difícil, llegar a un acuerdo en una determinada solución distributiva, donde cada una de las partes le tiene un criterio diferente de lo que es justo o injusto. Un pacto de rentas es una forma de luchar contra la inflación, es un sistema ético, pero quizás la ética y la economía no se llevan de la mano. Y, que al final, casi siempre, se impone las preferencias de los que tienen más poder para imponerlas, es decir la patronal. Donde preocupa más el beneficio que la distribución de la renta. Y, todo esto influirá en la marcha de la economía, en su estabilidad e inestabilidad.

La distribución de la renta es una cuestión que tiene que ver con la ética, pero también sobre la marcha global de la vida económica, como el consumo, el ahorro, la inversión y por supuesto frenar la inflación. Hay que buscar soluciones para acortar la distancia entre los niveles más altos y más bajos de rentas y para eso los trabajadores deben mantener el poder adquisitivo de sus salarios. Y, la parte empresarial debe tener claro que más beneficio significa más peligro de crisis y recesión económica. Es llegar a un acuerdo, para que la economía no caiga en una deriva irreversible, para poder reactivar los mercados, crear condiciones de empleo y de consumo.

En 1977, en una España con terrorismo etarra, golpismo y sin Constitución, con una inflación alrededor del 26 % , el Gobierno de Adolfo Suárez convocó a los sindicatos CCOO y UGT)  con la finalidad de alcanzar un pacto de rentas o pacto social. Los partidos políticos entendieron la necesidad de los “Pactos de La Moncloa», tan decisivos en el proceso de transición a la democracia. Ahora, dicha posibilidad de entendimiento político parece difícil de alcanzar.

Si aceptamos el proceso de las desigualdades y no logramos un reparto más justo de la rentas, será imposible regenerar la actividad productiva. Por eso, es necesario un pacto de rentas, entre la patronal y los sindicatos para negociar un acuerdo para un período de moderación de salarios y beneficios. Si no se llega a dicho acuerdo, los empresarios no ganarán dinero y los trabajadores no tendrán dinero para comprar y consumir. Y, seguiremos repitiendo los mismos errores de siempre. Que los únicos que paguen la crisis sea la clase trabajadora, porque la desigualdad, la precariedad y la pobreza no dejan de crecer.

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