El 13 de noviembre del año 2002, el Prestige, un petrolero procedente de San Petesburgo que transportaba una carga de 77.000 toneladas de fuel ruso, se partió en dos en las costas gallegas. Tres días después, el 16 de noviembre, casi 200 kilómetros de la Costa da Morte aparecieron cubiertos por el «chapapote». Manuel Fraga, presidente de la Xunta, aseguraba el 15 de noviembre del 2002 que «el peligro más grave había pasado». Mariano Rajoy, vicepresidente del Gobierno, dijo días más tarde que probablemente «el combustible del Prestige no se verterá». El desastre afectó a 2.600 kilómetros de costa y tuvo un coste económico cercano a los 4.000 millones de euros. Miles de voluntarios se desplazaron a la zona para recoger chapapote, junto a los pescadores, con sus propios medios. Galicia canalizó su indignación a través de un grito «Nunca Máis»  en una plataforma compuesta por 200 asociaciones y colectivos representativos de la sociedad civil gallega. Parecía que se había aprendido la lección, para que no volviera a pasar,

La noche del pasado 14 de abril se hundió cerca del sur de Gran Canaria, el pesquero de bandera rusa Oleg Naydenov, con 1.500 toneladas de combustible a bordo. La mancha de fuel ocupa 70 kilómetros y como temían los ecologistas ya ha llegado la pasta negra a la playa de Mogán,zona incluida en la Red Natura 2000,  que es una zona protegida por la Unión Europea por la presencia de tortugas y el delfín mular. Hay riesgo de que la mancha pueda alcanzar la costa de Tenerife y La Gomera.

Se cumple una semana desde el hundimiento del buque ruso y todavía no se ha extraído el fuel de interior. De nuevo como en el desastre del Prestige hay falta de medios que trabajen en la recogida de hidrocarburos en el mar, existe la amenaza de que el fuel llegue a las costas, provocando riesgos a la fauna y flora, además de que pueda suponer un desastre económico a nivel turístico.

Hay que desplegar todos los medios  anticontaminación  y recoger el fuel  para poder preservar las costas, pero también toda esa zona de alto valor ecológico. Como en casi todos los desastres ecológicos, el paso del tiempo es un factor determinante para conocer los daños, pero no se puede esperar a  que el mar todo lo limpia, o al menos, lo oculta a la vista.

Han pasado casi 13 años de la catástrofe ambiental del Prestige, las cantidades vertidas de fuel por el pesquero Oleg Naydenov no son comparables, pero si es comparable el daño que puede crear. Desde aquí, volvemos a gritar «Nunca Máis»  (Nunca más en castellano) para evitar los desastres ambientales causados por el hombre en el mar y que quizás hubieran podido ser evitados. El mar debe dejar de ser empleado como un depósito de sustancias contaminantes, aparte de los derrames que provienen del lavado de los tanques de los grandes buques se añaden los hundimientos de barcos. Toda esta situación no cambiará mientras no exista una responsabilidad ambiental por parte de los armadores y compañías de los barcos que surcan los océanos, controles estrictos y severas sanciones para los infractores. El mar es de todos.

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