El Mundial de fútbol es uno de los espectáculos deportivos más grandes del mundo que tendrá lugar en Catar, un país donde los derechos humanos más básicos son negados a una gran mayoría de la población. Un intento de la monarquía absolutista de intentar lavar su imagen con el Mundial, con el apoyo de la FIFA, en un evento marcado desde el principio por sospechas de corrupción. Ante la falta de mano de obra local, Catar ha optado por reclutar a mano de obra extranjera, más de 6.500 trabajadores inmigrantes procedentes de India, Pakistán, Bangladesh y Sri Lanka han fallecido durante la construcción de las infraestructuras necesarias para albergar dicha cita mundialista, por el intenso calor del país, la falta de prevención de accidentes y las largas jornadas de trabajo.

El deporte es un instrumento fundamental para lograr un mundo mejor, el Mundial de fútbol no puede hacer olvidar la falta de derechos humanos. El principio de la ética del deporte es la aspiración a practicar un “juego limpio” con unas reglas de juego que constituyen las condiciones de marco dentro de las cuales se lucha por la victoria. Cuando un jugador transgrede las reglas válidas con el fin de obtener una ventaja para él o para su equipo, está rompiendo el principio de la igualdad de oportunidades y la reciprocidad en el comportamiento humano. Si un país no respeta los Derechos Humanos tampoco respeta el principio de igualdad.

Catar es un país con alrededor de tres millones de habitantes, con un PIB per cápita superior de los más altos del mundo, superior a 100.000 dólares en paridad de poder adquisitivo (PPA), es decir, teniendo en cuenta el coste de la vida. Donde no hay partidos, ni elecciones, ni protestas y donde el emir Tamim bin Hamad Al Thani controla los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. Donde los no nacionales constituyen el 95% de la fuerza laboral del país catarí, donde gracias a un sistema muy cercano a la esclavitud: el sistema de kafala o clientelismo, impide a los trabajadores cambiar de trabajo o incluso salir del país sin el permiso de su patrón.

La FIFA hizo país anfitrión del Mundial de fútbol 2022, sin exigir el respeto a los Derechos Humanos. Donde son culpables. Si bien los Estados tienen la responsabilidad primordial de respetar, proteger e implementar los derechos tal, la responsabilidad en materia de derechos humanos debe ser compartida por todo tipo de actores, incluida la sociedad civil y los individuos. Son culpables de este Mundial de la falta de respeto a los derechos humanos: la FIFA, los principales patrocinadores de la Copa del Mundo y por supuesto las propias selecciones que participan. Pero, también los espectadores que somos los que realmente hacemos que este evento gane prestigio y sea una forma de lavar la imagen del régimen catarí.

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