El toque de queda se estableció para limitar el horario de movilidad, pero están los que quieren «alargar la noche» y buscan sus especiales «after hours» de la pandemia, en pisos turísticos y locales, como alternativa para trasnochar, una opción ilegal para un ocio ilegal y peligroso para la salud. Podemos afirmar, sin riesgo a equivocarnos, que el botellón y las fiestas privadas, son los principales causantes de los focos epidémicos. Una forma de «vender libertad» contras las restricciones sanitarias impuestas, que sirve para que algunas personas irresponsables antepongan su diversión al respeto por los demás. Un turismo de borrachera que no es solo para españoles, sino un reclamo para los europeos que no pueden disfrutarlo en sus respectivos países, debido a las restricciones.

España siempre ha sido un buen reclamo de «sol y fiesta» para llamar al turismo, teniendo en bares, restaurantes y hoteles la primera industria española. Pero, ahora que existen unas limitaciones de horario, aforo, distanciamiento, uso de mascarillas…, hemos creado un turismo paralelo basado en los «after hours» ilegales. Donde comunidades como Madrid, se están convirtiendo en el «último reducto de la libertad» en Europa, ofreciendo la posibilidad de poder hacer, lo que es imposible para el resto de europeos. La normativa ha creado limitaciones en la hostelería y en el ocio nocturno, porque suponía un riesgo especial para la propagación de la pandemia y sin embargo, estamos exportando una forma de hacer turismo ilegal y extremadamente peligroso para la salud como son «after hours» del botellón y las fiestas privadas.

Nos debería dar vergüenza que exista un turismo de borrachera, sin falta de licencia, con gente pasadisima, muy borracha, sin hacer caso a ninguna recomendación sanitaria, superando los decibelios permitidos, con exceso de aforo, presencia de menores, permisividad para fumar y consumir alcohol, gente pegándose y haciendo caso omiso a todo lo que se supone que es el respeto a la vecindad y a las normas. Donde ya no es solo una cuestión particular de unos jóvenes o menos jóvenes de montar una fiesta, sino que se ha convertido en una mafia donde la fiesta, el alcohol y las drogas se han convertido en un negocio. Donde falta también voluntad política para solucionar esta situación, porque no basta solo con hacer redadas de la policía, favoreciendo la ilegalidad y una supuesta libertad para los ciudadanos españoles y los turistas extranjeros.

Las ciudades han de dejado de ser de los vecinos y de los que cumplen las normas, para convertirse en una fiesta nocturna y muy peligrosa para la salud. A esto no ayuda, que las autoridades permitan la entrada de un turismo extranjero, que las sanciones no sean lo suficientemente elevadas y que las redadas policiales se hayan convertido en una noticia más de los telediarios y de los periódicos. No es una mera anécdota divertida y graciosa, es un peligro para la salud, cuando parece que una cuarta ola de la pandemia esté radicada en Europa y que llegará también a España, es sin ninguna duda una irresponsabilidad que pagaremos todos y todas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.