Ceuta y Melilla son dos ciudades autónomas españolas en suelo continental africano, donde viven personas de etnia y religiones diferentes, que tienen nacionalidad española. Dos ciudades con carácter excepcional, bordeadas por el Mediterráneo y Marruecos que mantienen un complejo equilibrio político, militar, institucional, económico y social. Donde se entremezcla desde la seguridad de sus fronteras, una economía dependiente del contrabando, una amplia  comunidad musulmana con cierta radicalización islamista, la precariedad y marginación de una parte de su población. Y, sobre todo, la dificultad de mantener la españolidad desde África. Ceuta es española desde el siglo XVII y Melilla desde el siglo XV, la soberanía de ambas ciudades es un asunto innegociable para España, que las considera parte de su integridad territorial, al igual que las islas Canarias. Sus habitantes se consideran tan españoles, como cualquier peninsular.

La etnia, la religión y la nacionalidad son las principales razones que motivan el discurso de odio y eso lo sabe muy bien tanto la extrema derecha, como el reino de Marruecos. Solo basta con hacer mensajes dirigidos contra minorías étnicas con trasfondo xenófobo y contenido islamófobo. O bien, atacar a las personas migrantes y refugiadas. Unos defendiendo la nacionalidad española y por otra parte Marruecos, reclamando que son territorios marroquíes como el Sahara Occidental. No se puede ir a Ceuta y Melilla, para incendiar, para crear odio. Si la extrema derecha defiende la españolidad de estos territorios, no se puede atacar a una parte de dicha población por su etnia y por su religión. Los melillenses y los caballas, son españoles con toda la dificultad de la ultraperiferia, aunque lleven las mujeres un hiyab, los hombres sus indumentarias y profesen la religión islámica. La diferencia entre un español y una española, no lo debería marcar nunca ni su etnia, ni su religión, ni sus costumbres. Lo que es inadmisible, es que un líder político como Santiago Abascal desafíe la convivencia entre españoles, porque los musulmanes también son españoles. La Asamblea de Ceuta ha declarado persona non grata a Santiago Abascal por llamar «promarroquí» a parte de la ciudad de Ceuta. Eso, no es defender la españolidad, es hacer lo mismo que hace Marruecos, intentar dividir a la población, para conseguir sus intereses.

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