Estados Unidos es con permiso de China y de Rusia, la máxima potencia mundial tanto a nivel político, económico,  cultural y militar, el presidente de Estados Unidos es algo más que un presidente de un país. El demócrata Joe Biden es ya el nuevo presidente de Estados Unidos, en su discurso de investidura ha dicho que «la democracia ha prevalecido». tras el mandato de su predecesor, Donald Trump. Le quedan por «curar» las heridas de un país e intentar hacer olvidar el extremismo político, la agresión al Capitolio, el supremacismo blanco y la mentiras, tras el mandato de su predecesor, Donald Trump. Pero, la presidencia de Estados Unidos siempre crea tantas expectativas como frustraciones, tanto para los norteamericanos como para el resto de ciudadanos del mundo. Porque es una presidencia asociada siempre a los grupos de poder de Wall Street, independientemente de que sea republicana o demócrata.

La ideología neoliberal de la presidencia de Estados Unidos, no le permite hacer un cambio radical en la política del país, no pueden olvidar sus multinacionales, su banca, todo lo que representa su crecimiento macroeconómico, su ejército y sus intereses en otros países. Estados Unidos tiene su forma de hacer las cosas y donde ni siquiera han sido capaces de hacer una reforma de salud, donde prometió una atención sanitaria universal, accesible para todos los estadounidenses. Siempre habrá una confrontación entre el progresismo de los demócratas y el conservadurismo extremo de los republicanos, pero donde siempre prevalece el interés de las multinacionales y los bancos multimillonarios a los cambios sociales, resueltos a mantener su modelo de negocios, para mantener la confianza en los mercados. Que nadie espere grandes diferencias entre Trump y Biden, aunque Biden tenga una figura más conciliadora que su antecesor.

Ni en 2008, al elegir a un afroamericano como presidente de Estados Unidos. como Obama, movilizó a millones de activistas para su campaña, pero puso fin a esa iniciativa apenas llegó a la Casa Blanca. El presidente que se convirtió en el adalid de un cambio radical no consiguió demasiado y después de su segunda legislatura, cedió sus iniciativas al populismo de Trump. Biden ofrecerá otro «cambio» en el que se pueda creer, pero sin solucionar la desesperación de millones de estadounidenses, mucho más preocupados por la economía real: el riesgo de perder el trabajo, la caída en el valor de su vivienda y la perspectiva de una nueva recesión económica, su miedo a perder su supremacismo blanco y donde puede ser simplemente un período de transición para un gobierno republicano.

Biden como presidente de Estados Unidos cambiará muchas cosas que influyen en la política internacional, emitiendo órdenes y decretos ejecutivos encaminados a revertir las políticas de Donald Trump: como la pandemia de coronavirus, la vuelta a la OMS, la reactivación económica, el cambio climático o la inmigración. Muchos cambios para que a lo mejor nada cambie, porque aunque Biden busca desvincularse de la gestión de Trump, al final ambas se parecerán demasiado en muchos aspectos. El tiempo no dará o nos quitará la razón, si Biden es tan diferente a Trump…

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