La «twiterización» de la política, es el uso de Twitter como plataforma de comunicación  con los ciudadanos, pero también de limitar el mensaje político a tuits y retuits de 280 caracteres. Una herramienta tan supuestamente limitada ha alcanzado el éxito, con toda la basura de información falsa, insultos y mensajes sin valor, que en el caso de la política se convierte en una herramienta de opinión, manipulación y desinformación. Y, que después será cuestionado y sometido a examen por la comunidad.  

Desde la explosión 2.0 en la campaña presidencial de Barack Obama, en 2008, en los Estados Unidos hasta el uso de Donald Trump, que llevó a cabo una dura campaña de burlas e insultos a sus oponentes en redes sociales y que le permitió triunfar en las elecciones de 2016. Todos los políticos se han dado cuenta de que Twitter es una potentísima herramienta y eso está cambiando la comunicación política en todos los países y también en España. Los medios tradicionales de comunicación se han quedado obsoletos ante esta vía que permite una interrelación entre los políticos y los ciudadanos; invertir en redes sociales es más barato que malgastar dinero en publicidad y tiene mayor repercusión. 

Hemos de ser conscientes que el entorno digital está cambiando la política, desde Google, Facebook, YouTube, Instagram y principalmente desde Twitter, la manipulación política está en marcha. Se fomentan de forma artificial miles de bots o cuentas ficticias desde las que amplificar sus mensajes, en las que dominan la conversación, generan «trending topics» y llenan Internet de «fake news», es decir la mentira, que ahora llaman postverdad. En la que los posibles votantes somos parte de ese «big data», donde conocen nuestros gustos, preferencias y hasta nuestras opciones de voto. Conocen a los votantes y al final los acaban convenciendo.

La «twiterización» ha sobrepasado ser una herramienta de comunicación y ha pasado a ser una herramienta de distracción y ataque a los adversarios. Donde quien escribe más «#Hashtags», quien levanta más polvareda y recibe más «retuits», es el que gana la partida. Los políticos se olvidan de la moderación y lo políticamente correcto, para que los twiteros se encarguen de sacar todo lo bueno y lo malo. No importa el discurso, ni las propuestas, ni la entrevista en televisión o en la radio, todos están pendientes de enviar el tuit, para provocar e insultar. La realidad se ha transformado en ataques permanentes, que unos utilizan para atacar y otros para mantener un discurso victimista.

Les preocupa más a los políticos escribir un «tuit» que llamarse o reunirse para simplemente hablar y poder llegar a unos acuerdos. Están más interesados en fomentar las fobias de sus seguidores, esos «troles» que utilizan las redes y Twitter en particular, para sembrar caos y malestar con tuits con contenidos ofensivos o insultando para provocar a los demás usuarios, buscando enemigos y culpables. La «twiterización» en la política está creando «haters», que desprecian e incluso odian al adversario y cualquier cosa publicada, fomentando el populismo, creando conflicto, generando polémica, provocando y sin arreglar nada…

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