Si la racionalidad es una actitud del que actúa de acuerdo con la razón y que no se deja llevar por sus impulsos. Podemos afirmar que la racionalidad no existe en la política, o dicho de otra forma, que las ideas son menos importantes que los sentimientos y la pasión. Por eso, algunas veces los políticos se olvidan de las promesas de campaña, lo que necesita la ciudadanía y buscan el argumento de las pasiones: «socialismo o libertad», «comunismo o libertad», «fascismo o democracia». El discurso político se olvida de las ideas, las ofertas se confunden con alertas de miedo. La propaganda ideológica nos trata a todos de inmaduros, por no decir de tontos. La ausencia de una racionalidad política y de sentido común por parte de los políticos ahuyentan a los votantes, solo quedan los incondicionales, los adeptos, los prosélitos, los fieles de la derecha. Que no hablan tanto de democracia, pero no se olvidan nunca de ir a votar.

La “ideología” se ha convertido en una venta de ilusiones, explotación de las pasiones y expansión de temores. Podemos resumir una campaña electoral de las elecciones de la Comunidad de Madrid: en insultos, en amenazas y en miedos fundados o infundados al socialismo, al comunismo o al fascismo. Donde todos han huido de la racionalidad que impone el análisis de los hechos: pandemia, vacunas, crisis social y económica, exceso de privatización en sanidad y educación, falta de recursos, listas de espera, colas del hambre, aumento de la desigualdad… Todos se han olvidado de captar el voto, con lo que necesitan los ciudadanos y ciudadanas de Madrid. Por eso, muchos se quedarán en sus casas, pensando que esto no va con ellos, el descreimiento hacia la política y los políticos por parte de los más necesitados, impedirá que las tres fuerzas de la izquierda PSOE, Más Madrid y Unidas Podemos, puedan sumar el triunfo.

Aquí no se puede buscar ni paños calientes, ni dejar la responsabilidad a terceros. La izquierda de nuevo ha fracasado, se han olvidado de la racionalidad y han buscado pasear un dóberman como en la campaña socialista de 1996, en que un perro de boca enorme y dientes afilados ilustraba la “España en negativo” del PP: un mundo negro, con música tétrica, que no sirvió para nada. Porque Felipe González después de casi 14 años en el Gobierno, perdió las elecciones y ganó el PP de José María Aznar. El miedo a un gobierno del Partido Popular con el apoyo de Vox, no moviliza a la izquierda, se quedarán en su casa. Mientras la derecha seguirá recibiendo los votos de sus acólitos. Atacar al adversario les sirve a las derechas, pero es un error por parte de la izquierda, lo demuestran las evidencias. Aunque exista mala gestión, corrupción o mentiras las elecciones casi nunca penalizan o por lo menos no despiertan al absentismo. Solo una gran participación ciudadana en las elecciones del 4 de mayo, podrían presagiar un hecho extraordinario. Solo nos queda esperar un milagro, pero los milagros no existen…

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