El proceso conocido como muda de piel en los reptiles, es un proceso directamente relacionado con el crecimiento y con el control hormonal, el animal necesita una piel nueva para crecer, acorde con su nuevo tamaño y edad. En las serpientes la nueva capa se va formando bajo la vieja, y cuando está preparada, la capa vieja se cae de manera completa o entera, mientras que en el resto de reptiles, como las tortugas o los lagartos, el proceso es más gradual, menos visible y lo hacen por partes. Los mamíferos, por su parte, también realizamos una especie de ‘muda’ aunque no de piel, sino de pelo. Y, los seres humanos, en alguna ocasión, «se cambian de chaqueta»: cuando un deportista cambia de equipo, un directivo cambia de empresa o un político cambia de partido. Ellos no lo hacen por razones de crecimiento y control hormonal, lo hacen por dinero, por poder o como una opción de desarollo personal. Personas que cambian sus principios, su opinión, que estando de acuerdo con lo de antes son capaces de negarse, diciendo y haciendo, a veces, todo lo contrario.

El «cambiar de chaqueta», es una expresión muy utilizada y extendida en la opinión pública, especialmente en la política, para referirnos a las traiciones como el transfuguismo, pero también a los cambios radicales o súbitos de posición ideológica y de partido. En definitiva, todo cuanto afecta a las lealtades personales, tanto hombres como mujeres, que traicionan y cambian sus convicciones políticas o como dicen algunos políticos «no es que yo haya cambiado, el que ha cambiado es mi partido». En las empresas privadas, los contratos de Alta Dirección acostumbran a tener unas cláusulas especiales como la exclusividad, la no competencia y la confidencialidad, que son el motivo de los blindajes económicos que reciben los directivos a cambio de grandes sueldos, planes de pensiones, seguros médicos y hasta la entrega de acciones con un trato fiscal beneficioso. Pero, esto no existe en la política, cuando un político se muda de partido, quizás porque tampoco estaría muy bien visto.

Ser político es ponerse al servicio de los demás, es querer cambiar y mejorar las cosas, es conseguir la justicia, el bien común y colectivo, sin utilizar la política por beneficio propio y como medio para alcanzar el poder y un rendimiento económico. No se puede cambiar de ideas y de partido, como de perfume, de ropa, de gustos culinarios, de costumbres o de aficiones. Cuando vives de la política, cuando te han votado, debes de guardar unos principios y un respeto a los que han depositado su confianza. El transfuguismo es una práctica deleznable, una mudanza de ideología, que pasa de votar con unos a votar con otros, que indigna a casi todos menos a los que beneficia. Seguro que hay muchos casos, de muda de partidos, tanto de la derecha como de la izquierda, pero todos son igual de detestables.

El exdirigente de Ciudadanos en la Comunidad Valenciana, el señor Toni Cantó, no creo que aporte demasiado a la política española, pero desde luego es el tipo de político que infiere mucho daño a la credibilidad en los políticos y también a los partidos políticos, especialmente a los que utilizan el fichaje de un adversario, para defender lo que ayer criticaba. Son esos sucesos que crean incredulidad y pasotismo por la política. Siempre he pensado que ni todos los políticos, ni los jueces, ni los policías, ni los abogados…, son todos iguales. Necesito creer que sigue habiendo personas con ética, con pasión y vocación de servicio, con honradez, con responsabilidad y que no utilizan la política en beneficio personal. ¿Es mucho creer?

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