Cayo un muro y los nuevos muros han venido con la globalización. Hoy 9 de noviembre, hace 25 años que cayó el Muro de Berlín, significó un momento de curar las heridas de la Segunda Guerra Mundial y de cambios: la unificación de Alemania, la disolución de la Unión Soviética, el fin de la Guerra Fría y el dominio absoluto por parte de Estados Unidos.

Nuevos muros que dividen a las sociedades como: Ceuta y Melilla frente a Marruecos, Sahara Occidental frente a Marruecos, Israel frente a Palestina, Arabia Saudita frente a Irak, EEUU frente a México, Grecia frente a Turquía, la zona desmilitarizada entre Corea del Norte y Corea del Sur, etc. Son muros para no dejar entrar, para expulsar o para no dejar salir.

Además de otros muros menos físicos pero no menos reales, como el espacio Schengen que establece unas normas para el cruce de personas por las fronteras europeas, pero también unas medidas que pretenden hacer frente a la presión migratoria y al tráfico de seres humanos. Se crean otro muros invisibles, más altos e infraqueables que dividen a los ricos de los pobres, vivimos en una sociedad que hay indiferencia hacia la pobreza, no hay interés de erradicarla en el Tercer Mundo y se está creando una nueva pobreza en los países desarrollados, cada vez es mayor la brecha entre ricos y pobres.

Vivimos en una sociedad con otros muros, basados en la manipulación política por medio de la propaganda y la desinformación de los medios de comunicación. La vigilancia, a través de la tecnología y sus aplicaciones, perdiendo la intimidad y pasando a ser dominio público todo lo que metemos en nuestro ordenador y  smartphone.

La gente de la calle fue la que derribó de forma pacifica el Muro de Berlín, jamás habrá justicia mientras exista desigualdad social, económica y política, en nosotros está el derribar ese muro de la desigualdad, de la avaricia y de la manipulación  para llegar a ser libres.

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