Pablo Iglesias ha decidido abandonar el Gobierno de España para ser candidato en las elecciones del 4 de mayo en la Comunidad de Madrid. Estoicismo de Pablo Iglesias, como forma de promover el moralismo, el civismo y la ejemplaridad en la política, como forma de reacción. Una decisión valiente y arriesgada, que puede significar su harakiri, como el ritual empleado por los samurái. Una alternativa honorable para no morir a manos del enemigo y una forma honrosa de competir contra la derecha y la ultra derecha en la Comunidad de Madrid. Un Pablo Iglesias que despierta ambivalencia, amor y odio a la vez, tanto entre seguidores como entre adversarios. Que no deja a nadie indiferente y que se presenta ante un reto casi imposible: ganar unas elecciones en la Comunidad de Madrid, después de 26 años de triunfo de la derecha. Y, frente al órdago de Isabel Díaz Ayuso de «comunismo o libertad«, como forma de aunar a la derecha ante el rechazo contra Pablo Iglesias.

El mismo Pablo Iglesias que dijo que: «El cielo no se toma por consenso: se toma por asalto”, pero consensuó para entrar en un gobierno de coalición y llegar a ser vicepresidente segundo «con la voluntad de cambiar algunas cosas«; «construir trincheras sociales que permitan defender, representar y proteger los intereses sociales«. Ahora, que tocaba el cielo con los dedos, presenta su dimisión para supuestamente «salvar» a Unidas Podemos de no obtener representación en las elecciones de la Comunidad de Madrid. No sabemos si hay otras razones, pero esta es una de ellas.

Desde la ejemplaridad, abraza la filosofía política del estoicismo, donde antes de preocuparse se ocupa de las cosas. Y, como decía Epicteto, uno de los padres del estoicismo: «Si voy a morir, moriré cuando llegue el momento». Como buen estoico se quiere preocupar de las cosas que se pueden cambiar y cambiarlas. Acepta el código del samurái, que «el camino es la muerte» y su deber de suicidarse políticamente, antes que aceptar la rendición. Iglesias ha escogido hacerse el harakiri en las elecciones madrileñas, porque no llegará a ser presidente de la Comunidad de Madrid, pero intentará que la izquierda arrebate la victoria de Isabel Díaz Ayuso y la entrada en el gobierno de la Comunidad de Madrid de la extrema derecha.

Pablo Iglesias, siempre ha mantenido que no concebía la política como una forma de vida, sino como una responsabilidad, en la que esperaba no estar más de dos legislaturas. Es su final político, y por esta razón propone a Yolanda Díaz, actual ministra de Trabajo como vicepresidenta segunda y líder de Unidas Podemos para ser candidata a presidenta del Gobierno en las próximas elecciones generales. La presencia de Iglesias en las elecciones madrileñas, puede ser un revulsivo para que los votantes de izquierda no se queden en su casa, pero lo que debemos estar seguros es que será un acicate para que los votantes de derechas voten. Esperemos que el objetivo de que no gane la derecha en Madrid, lo consiga, aunque suponga su particular harakiri político.

Un comentario sobre “El estoicismo del samurái Pablo Iglesias.”

  1. La obsesión en determinados sectores políticos, económicos y mediáticos era la destrucción personal de Pablo Iglesias de la esfera política, como soporte principal de Unidas Podemos. Lo peor es que se ha convertido en un odio enfermizo y muy peligroso. Pensando que si eliminan a Pablo Iglesias, se quitaran de en medio a Unidas Podemos. A esto se suma una lista de querellas, a lo largo de estos años, contra Unidas Podemos y sus dirigentes, principalmente por sus vías de financiación, que han sido siempre puestas en entredicho públicamente mediante informaciones en medios de comunicación y después la justicia lo ha descartado. Se atacó a la pareja Pablo Iglesias e Irene Montero por la compra de un chalet por más de 600.000 euros en Galapagar, un municipio de la sierra madrileña, que se supone tienen que pagar ellos, como el resto de ciudadanos que tienen que hacer frente a su hipoteca. Buscando destruir la credibilidad y la coherencia de la pareja, buscando la fractura interna de Unidas Podemos.

    Ha dicho la presidenta de la Comunidad de Madrid Isabel Díaz Ayuso que: «España me debe una, hemos sacado a Pablo Iglesias de la Moncloa». Ahora, solo les queda «aplastarlo» en las elecciones madrileñas, con el triunfo de la derecha. Unidas Podemos ha sido el enemigo de la derecha, pero también el antagonista del PSOE, pero gracias a ellos se ganó la moción de censura a Mariano Rajoy y gracias a sus votos Pedro Sánchez pudo formar el gobierno de coalición. Todos contra Iglesias y olvidando el respeto a todos los ciudadanos y ciudadanas que tienen el mismo derecho que el PP, el PSOE o incluso Vox, a votar a Unidas Podemos y a tener una visión diferente de la sociedad.

    Todos están de acuerdo en eliminar al enemigo, basado en animadversiones personales, falsas acusaciones y generando temores al comunismo y al chavismo. Pablo Iglesias se los ha puesto fácil con su dimisión como vicepresidente segundo, pero quizás no han contado que puede desequilibrar los resultados de las elecciones madrileñas y que detrás de Pablo Iglesias existe una coalición de partidos que no tienen que desaparecer forzosamente sin el liderazgo de Pablo Iglesias. La felicidad ha llegado a muchos despachos, espero que no sea duradera…

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