El caso del Yak-42, en el que murieron 62 militares españoles que regresaban de una misión de Afganistán, en 2.003, es un ejemplo de mentiras y verdades a medias de nuestros políticos, que ha durado casi catorce años. Un avión que no se cayó por circunstancias meteorológicas, ni el Yak 42 era el avión más seguro, ni fue un error del piloto y 30 soldados fueron enterrados o incinerados sin identificar. Demasiadas mentiras sin un solo culpable.

El Consejo de Estado ha considerado que el ministerio podría haber evitado el accidente del Yak-42, si hubiera cumplido el avión las normas mínimas de seguridad aérea. Ahora, Federico Trillo, en su momento ministro de Defensa, ha presentado su dimisión como embajador en el Reino Unido, sin muestras de arrepentimiento y sin aceptar preguntas. Dolores de Cospedal, actual ministra se ha comprometido a cambiar el criterio asumido desde 2003 por Defensa y aceptar lo que indica el Consejo de Estado. Ahora, solo falta el perdón de Rajoy a los familiares de las victimas del Yak-42, pero la mentira ha sido demasiado larga y ha hecho demasiado daño.

No decir la verdad, es engañar, es mentir. Se puede mentir por exigencia de alguien o de algo; se puede mentir por miedo; se puede mentir para ocultar un problema; se puede mentir imitando a los que te rodean; se puede mentir por ansiedad; se puede mentir e intentar convencer también a los demás de que las mentiras son verdad; se puede mentir diciendo las cosas a medias. Decir mentiras es engañarse a si mismo. Toda forma de mentir es insultar a la inteligencia de nuestro interlocutor y de perder su confianza.

Vivimos en una sociedad donde no está de moda decir la verdad, es una sociedad mentirosa donde todos nosotros decimos mentiras; el problema es cuando la mentira se convierte en una forma de comportarse y relacionarse con los demás. La política forma parte de nuestra sociedad, se basa en hacer promesas que muchas veces jamás se van a cumplir, que también es una forma de mentir. «La política es el arte de engañar» como dijo Nicolás Maquiavelo, pero no es ético que la política se base en mentiras y que los políticos nos mientan, la meta de la política debe ser conseguir el bien común, pero no a través del engaño y la mentira..

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