Se miente con naturalidad en las campañas electorales, se engaña sin disimulo en las declaraciones públicas, se toma por tontos a los ciudadanos, nos engañan los medios de comunicación, se creen que nos engañan pero son tan malos actores que ya no convencen a nadie. La mentira se ha convertido en la moneda, en el instrumento de la política, se ha olvidado la ética. Las mentiras y las medias verdades toman relevancia moral y social.

Mentiras que pretendían llevar a José Manuel Soria hasta el Banco Mundial como director ejecutivo, han pasado solo cinco meses desde que tuvo que dimitir por el escándalo de los Papeles de Panamá, y ahora un gobierno en funciones ha pretendido colocarle de nuevo a dedo. La mentira del nombramiento del exministro pretendía ser tapada con otra mentira y posteriormente comentada con más mentiras.

Gracias a las presiones de los medios de comunicación y tras sus contradicciones y mentiras, acabó dimitiendo, ahora tras cuatro días de escándalo político, las críticas de toda la oposición e incluso del propio Partido Popular, y continuos intentos por parte del Gobierno en funciones de justificar su nombramiento, José Manuel Soria ha presentado de nuevo su renuncia.

El Partido Popular se ha dado cuenta, de que ante proximidad de las elecciones vascas y gallegas, unas terceras Generales en el aire; los que defendieron públicamente el dedazo con mentiras de concursos públicos, ahora han cambiado de opinión  y creen que es muy oportuno que Soria se haya retirado de su carrera al Banco Mundial y sus más de 200.000 dólares anuales de sueldo sin impuestos. Siempre habrá una nueva oportunidad para encontrar un nuevo puesto bien remunerado.

Pero, todas estas mentiras sobre mentiras, no hacen cambiar el voto a esos ocho millones de españoles que vuelven a votar al PP, gente que quizás se olviden del octavo mandamiento de la Ley de Dios: «no dirás falso testimonio ni mentirás». La mentira forma parte de nuestras vidas, de nuestro entorno, pero eso no significa que nos engañen y si no hay ruido mediático se haga lo que se quiera. Los ciudadanos no podemos ser votantes cada determinado tiempo y después mantenernos ignorantes de la realidad, engañados espectadores de lo que hacen los políticos para defender su ambición y prosperidad personal. Los ciudadanos y los medios de comunicación debemos de ser los vigilantes de que no nos engañen y tenemos que ser los responsables con nuestro voto de quitar a los mentirosos. No sirve solo quejarse, solo con nuestro voto tendremos responsables políticos mentirosos o no…

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