Creer en la política, es hallar el modo de preguntar a la ciudadanía las prioridades desde las que construir las mejoras que necesita la sociedad; que las mayorías absolutas sean cada vez más difícil de obtener; que hay que buscar nuevos cauces para ilusionar a los ciudadanos. Creer en la política es que los políticos aprendan de la ciudadanía, que aporten ideas sin miedo, con el objetivo de renovar e innovar en la sociedad con hechos.

Creer en la política, es que los ciudadanos y ciudadanas, practiquemos la democracia directa en las actividades entre nuestros amigos, en el colegio, en la comunidad de vecinos o en cualquier actividad básica, en la que cada persona opina sobre cada uno de los temas que se plantean. Pero a medida que el número de miembros aumenta, la práctica de la democracia directa se hace más difícil y tenemos que recurrir a la democracia representativa, las elecciones son el proceso donde elegimos un partido político y a nuestros representantes. Votamos unas siglas, una ideología, pero también a unas personas que serán los encargados de defender sus propuestas hasta las próximas elecciones.

Se supone que el trabajo de los ciudadanos acaba ahí, pero aunque no podemos hacerles el trabajo a los políticos, podemos y debemos controlarlos a través del Congreso, el Senado, con la información que llega a todos nosotros por los medios de comunicación y redes sociales. Pero, no podemos dejar de creer en ellos, porque no creer en los políticos es dejar de creer en la política.

Tenemos extendida la sensación de falta de confianza por parte de los ciudadanos con respecto a la política, a los políticos y a los partidos políticos. Pero, aunque existen problemas como la corrupción, la falta de transparencia, el déficit en el funcionamiento de las instituciones democráticas… El principal problema es que todo se basa en la fe en el mercado, en un sistema capitalista que olvida a las personas y solo piensa en el dinero. Se olvidan de valores como la justicia, la ética y los derechos humanos, los  políticos tiene tendencia a simplificar los problemas hablando del dichoso mercado y favoreciendo siempre a los mismos.

La política tiene que desempeñar una función social además de una función institucional como instrumento de los órganos del estado, no se puede olvidar a los ciudadanos, porque se corre el riesgo de que los ciudadanos no crean en la política.  Y, que la frustración y el hastío de los ciudadanos se convierta en un aumento de las ideologías de extrema derecha, en un populismo lejos de los principios democráticos. Hay que creer en la política, porque en una verdadera democracia nos hace mucha política y buenos políticos.

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