La incoherencia es la distancia entre lo que se predica y lo que se practica, entre lo que se dice y lo que se hace, es una forma de perder la coherencia. Nos estamos acostumbrando a vivir en plena incoherencia, tanto en nuestro entorno personal, familiar, social y político. A medida que aumenta la distancia entre las palabras y los actos, crece la dificultad para comprenderlo los demás, generando desconfianza. Una de las actitudes más imperdonables en la actividad política es la incoherencia, un ejemplo es el concierto de Raphael, celebrado ayer sábado y hoy domingo en el Wizink Center de Madrid, reuniendo a más de 5.000 personas, cada día. La organización ha alegado que los conciertos se han celebrado con todas las medidas y precauciones sanitarias. Pero, es una incoherencia y una temeridad, cuando estamos hablando de estar en casa, de pandemia y de vacunas, reunir a tanta gente en un concierto o en cualquier tipo de reunión.

Si vamos acumulando incoherencias, éstas podrían tener unas repercusiones en la salud. Porque el problema no es reunir a 5.000 personas en un pabellón, que damos por supuesto ha tenido todas las medidas de seguridad. Es que estas personas tienen un antes y un después del concierto: un transporte, una socialización, una llegada a sus casas… Es una incoherencia que la Comunidad de Madrid haya rebajado de 10 a 6 personas en las reuniones familiares y permita que se reúnan 5.000 personas en un concierto. Medidas como estas, hacen muy difícil de mantener un discurso de seguridad, porque no todo lo permitido es seguro. El concierto de Raphael ha sido como diría él en su canción un «escándalo, es un escándalo» como lo fue la entrega de premios de El Español, escándalos que dan una pésima imagen a las medidas de restricción que se pide a la ciudadanía.

Tras nueve meses de restricciones de aforo y limitaciones a los eventos masivos, y con los malos datos, de nuevo, de la Comunidad de Madrid, no era el momento de celebrar un concierto multitudinario. Porque en estas fechas navideñas muchas personas se sacrificarán en pro de preservar la salud propia y la de hijos, padres, hermanos, que no podrán reunirse durante estas fechas navideñas. Son renuncias que aceptamos, pero molesta a nivel personal: las aglomeraciones en los centros comerciales y en las calles más comerciales, las terrazas de los bares llenas, los aforos no respetados y también dos conciertos de 5.000 personas. Porque, si aceptamos que se celebre un concierto, deberemos permitir el público en los eventos deportivos. Las comparaciones son siempre odiosas, pero un concierto de estas proporciones, puede traer repercusiones dolorosas…

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