Con más de un 81% de participación en las elecciones catalanas del 21-D, podemos afirmar que Catalunya se ha debatido entre la permanencia y el cambio. Al igual que los filósofos Parménides y Heráclito de la antigua Grecia, Catalunya ha votado entre que todo siga igual: único y permanente, ni cambio ni transformación alguna, como defendía Parménides o el fundamento del cambio incesante, todo se transforma como decía Heráclito. La victoria de Ciudadanos con Inés Arrimadas que significaba supuestamente, la transformación y el cambio, queda contrarrestada por la victoria de las fuerzas independentistas que conservan la mayoría absoluta y que suponen la permanencia.

Los catalanes han elegido que todo siga igual, reconociendo que ha ganado Ciudadanos y que la sociedad esta fragmentada, pero aún con todo, el independentismo ha ganado. Sin presentarse una candidatura única por el independentismo, la suma de JuntsXCat, Esquerra y la CUP da una mayoría absoluta, que da su reprobación a una autonomía intervenida por la aplicación del artículo 155, que no está de acuerdo a que una parte del Gobern cesado esté en la cárcel y la otra en Bruselas. El fracaso de la vía unilateral no ha sido castigado en las urnas. Las elecciones no han sido ese bálsamo de Fierabrás, esa poción mágica capaz de curar todas las dolencias de Catalunya. Se formará un nuevo Gobern de la Generalitat, que intentará resolver o empeorar el problema, con la ayuda o el entorpecimiento del gobierno español. Siempre con la espada de Damocles de una nueva aplicación del artículo 155 o unas nuevas elecciones.

Rajoy se equivocó con la aplicación del artículo 155, con la destitución del Gobern de la Generalitat, con la disolución del Parlament, con la convocatoria inmediata de elecciones, con buscar soluciones al desafío catalán en el sistema judicial…  Y, eso lo ha pagado el PP catalán en estas elecciones con su peor resultado en Catalunya, esos 3 o 4 escaños. Pero, también ha perdido un PSC  que navega en la indefinición. Un CatComú-Podem que ha retrocedido en apoyo en Cataluña, que ha dejado de ser decisivo.

La gran triunfadora ha sido Inés Arrimadas, sabiendo enfrentar soluciones binarias: independentistas o constitucionalistas, blanco o negro, permanencia o cambio y eso le ha servido para ganar unas elecciones que no le servirán para ser Presidenta de la Generalitat, pero si para hacer oposición y no para buscar soluciones de consenso. Pero, la sorpresa de la noche, es que JuntsxCat, son el primer partido entre los soberanistas, Carles Puigdemont ha mantenido desde el supuesto exilio un «show» soberanista permanente en todos los medios de comunicación, que le ha permitido ofertarse como President: desde las entrevistas, ruedas de prensa, redes sociales y el victimismo ha conseguido que el debate en Catalunya siga en el mismo sitio. Las pregunta ahora, es si tiene que cambiar algo en España para que cambie en Catalunya.

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