Aceptar la variedad, la diferencia, la pluralidad de España debería enriquecer, unir a todos los españoles y no separarnos. Si Catalunya es España, se tendría que aceptar también lo contrario, que España es Catalunya. En España tiene que caber Catalunya tal como es, con un idioma, con una cultura diferente. El castellano es el idioma oficial de España, pero «las demás lenguas españolas» (Artículo 3. Constitución Española) y sus culturas también son españolas, según la Constitución.

La pluralidad de España, está llena de emociones desbordadas, con dos enfoques nacionalistas exacerbados: el nacionalismo español y el nacionalismo catalán. Con una perspectiva en ambos casos donde la reflexión y el acuerdo es complicado. Incapaces de aceptar y respetar la pluralidad, incapaces de buscar una vía de diálogo, donde los errores están compartidos por ambas partes. Donde se han cometido muchas irresponsabilidades, donde se han prometido ilusiones casi imposibles de cumplir.

Todo lo que plantee soluciones binarias, tiene inconvenientes. Una reforma  constitucional y una consulta en la que la gente pueda escoger si quieren una Catalunya que sea un Estado propio o los que quieren seguir formando parte de España. No sirve la mitad más uno, igual que no serviría que cada cuatro años se planteara si Catalunya quiere seguir siendo independiente de España o no.

La cuestión no es abordarla desde una perspectiva nacionalista y si desde una perspectiva democrática. Hay que confrontar todo tipo de propuestas: las que unos consideran aceptables y las que otros consideran inaceptables. Nos hemos de acostumbrar a aceptar la diversidad, a admitir que el catalán es una lengua española, exactamente igual que el euskera o el gallego. Que España está compuesta de diferentes culturas, idiomas y  diferentes formas de encajar o no dentro del Estado español. El Estado de las Autonomías, fue un avance,pero habría que completarlo con el federalismo, reconociendo la plurinacionalidad de España.

 

Debemos huir de los fanatismos, de los nacionalismos extremos, pero también de creer que los nacionalismos son la negación de la democracia, pueden ser excluyentes pero también democráticos si así lo han deciden la mayoría de los ciudadanos. No sirven las soluciones por la vía de la imposición, aunque el Estado español sea más fuerte que el movimiento independentista.

Aceptar la pluralidad, aceptar la diversidad, es aceptar que en un territorio de España, hay más de dos millones de personas que no se sienten españoles y que la resolución por vía judicial no cambiará la opinión de estas personas. Ni que el incumplimiento de la ley sea el principio de la resolución del problema y el principio de una república catalana. Hay que buscar un acuerdo institucional en que ambas partes se sientan a gusto y eso solo se consigue con política. Quizás lo que nos falta son políticos que sepan hacerlo…

 

 

 

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