Los valores humanos de cada persona, son aquellos que nos conducen a lo largo de nuestra vida en todas las acciones y decisiones que tomamos, y que nos ayudan a mejorar como personas y como sociedad. La honestidad es un valor humano fundamental, es tener una actitud acorde con la verdad y la transparencia, en todas nuestras relaciones. Ser honesto, es no defraudar a los demás, no beneficiarse de otros en su provecho. Lo contrario es la falsedad, la mentira y la corrupción.

Desde niños, somos criados con la idea de que no hay que decir mentiras, pero sin embargo crecemos rodeados de pequeñas mentiras, después nos hacemos mayores y descubrimos que la honestidad en términos absolutos no existe. Y, que todo el mundo hemos cometido en nuestra vida, algún acto deshonesto, aunque sea de lo más trivial, ser totalmente honesto es en la práctica, una tarea imposible. No debemos utilizar la honestidad en términos absolutos, «se es honrado o no», pero tampoco podemos medirla con indicadores de tipo relativo, porque nos estaríamos engañando.

La honestidad es un valor que debemos practicar y que debemos exigir a los demás, mucho más cuando una persona tiene vocación de servir a los ciudadanos en la política. Un político no puede defraudar a los ciudadanos  que le dieron su confianza, debe mantener su honestidad, sus convicciones y promesas hasta sus últimas consecuencias. Si no es capaz de cumplirlo debe dimitir.  

Cuando Pedro Sánchez formó su gobierno a principios de junio, llamó la atención que más allá de la paridad se ha apostado por el predominio de mujeres; un gobierno preparado, europeísta, modernizador, tecnócrata, progresista y supuestamente compuesto de mujeres y hombres honestos. Que no han engañado al que les ha nombrado y que por lo tanto desde un punto de vista ético no han dicho mentiras. Pedro Sánchez cuando era oposición planteó unas autoexigencias éticas: como el no mantener en su equipo a quien creara sociedades instrumentales para pagar menos impuestos y decía que en otros países los ministros dimitían si incurrían en plagios. 

El presidente de gobierno debe demostrar su honestidad estando rodeado de personas honestas. Si dimitió Màxim Huerta como Ministro de Cultura por conocerse que había cometido un fraude fiscal, si ha dimitido la ministra de Sanidad, Carmen Montón a consecuencia de las presuntas irregularidades del máster que cursó en la Universidad Rey Juan Carlos en 2011. Quizás es hora que dimitan la ministra de Justicia, Dolores Delgado por negar conocer al comisario Villarejo y por unas grabaciones ominosas. Y, también la dimisión de el ministro de Ciencia, Pedro Duque por las revelaciones sobre su sociedad patrimonial. Ahora, el presidente del gobierno debe ser coherente y obrar en consecuencia, para él si hay posibles dudas en su doctorado y para todas sus ministras y ministros que no han dicho la verdad.   

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