El cansancio político del independentismo, el cansancio en sus dirigentes y en sus promesas hacen mella en la asistencia a la Diada de este año. Siempre, como cada año, con guerra de cifras, según la Delegación de Gobierno o la Guardia Urbana, este año dicen que ha sido un fracaso de asistencia, solo 400.000 manifestantes. Aceptando que el número de manifestantes ha ido disminuyendo del 2012 al 2019, muy pocas manifestaciones ciudadanas en España y en el mundo cuentan con dichas cifras. Por lo tanto me cuesta considerarlo un fracaso, aunque si que está claro que existe un agotamiento en el independentismo y que ha sufrido un desgaste, en el cual los catalanes y las catalanas no han encontrado respuestas acordes a las expectativas generadas por los políticos independentistas catalanes.

La gente se cuestiona todas las promesas y los pasos dados hacia una república catalana y con su cansancio, ponen de relieve todas las cosas que no están resueltas. Los partidos independentistas crean escepticismo, en mucha gente, por que la independencia está muy lejos de poderla alcanzar. En un país con un proceso de descentralización muy avanzado, no se llegará a un federalismo y menos a que Catalunya sea independiente, nunca tendrán  el apoyo del gobierno central y del resto de España. Y, eso cada día, son más conscientes algunos independentistas, que Catalunya no tendrá unas fronteras, una moneda, un gobierno y un ejército propio.

El independentismo es respetable, pero creerse diferente, resguardar ciertos elementos de identidad, defender una bandera, un idioma, unas fronteras en una aldea global es una idea obsoleta, más del pasado que del futuro. Pero, mientras haya un casi 50 por ciento de personas que por lo menos exigen una consulta de independencia, habrá que considerarlo como un tema que se le debe dar alguna solución. Negar una evidencia, no solucionará nunca el problema.

El cansancio político de los catalanes y del resto de españoles es el mismo. Estamos hartos de que no sean capaces nuestros políticos de encontrar una solución, no se puede avanzar teniendo siempre «la espada de Damocles» del 155, que no se forme un gobierno por los posibles desacuerdos después de la sentencia del juicio del «procés», que todo el mundo albergue un cierto miedo e incerteza de lo que pueda pasar un día en Catalunya. Pero, sin poner soluciones, en ningún lado y olvidando la recíproca respuesta de un ultranacionalismo español que comete similares errores.

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