Estamos en fechas de desearnos lo mejor, de escribir dedicatorias cariñosas, de posts emotivos en el Facebook, de felicitaciones graciosas a los grupos de amigos del Whatsapp y algunos aún mandan  christmas a los amigos y familiares. La hipocresía de la Navidad inunda nuestra vida.

Época de celebraciones, respetables sean de cualquier cultura o religión, sea cual sea el motivo. La Navidad es la conmemoración del nacimiento del hijo de Dios, que no nació un 24 de diciembre, que no sabemos si realmente era el hijo de Dios, que no fueron los ángeles a cantarle, que ni siquiera llegaron los Reyes Magos para adorarlo, solo sabemos por lo que dicen las leyendas que era pobre. Para los cristianos católicos, protestantes o evangélicos fue el nacimiento de lo que daría origen al cristianismo y la Navidad se ha convertido en la época de más falsedad y consumismo.

Entre villancicos y el sinsentido de comprar y gastar, entre calles llenas de luces y adornos, entre los sentimientos repetitivos de paz y amor, nos rodea la hipocresía. Esas personas que no se acuerdan: de las desigualdades sociales, de la pobreza, de los que no tienen trabajo, de los que no tienen una vivienda, del hambre, de las guerras, de aquellos que tienen prejuicios y discriminaciones y te desean felices fiestas. Esas personas que les preocupa más la gula y el consumismo.

Hablamos de los días más felices del año, símbolo de paz, momento de encuentro, tiempo para compartir, para ser más generosos. Tiempo de comidas de compromiso, de familia, de recordar los que faltan, de soledad acompañada, de discusiones de familia, de excesos e incluso de solidaridad impulsada por estas fechas, pero en las que se siguen muriendo niños de hambre, refugiados huyendo de sus casas y guerras sin sentido. Feliz Navidad, solo para algunos porque los demás parece que no existen.

No nos acordamos en Navidad de las minorías, de los maltratados u oprimidos, de la xenofobia, del racismo y la discriminación a los diferentes; no nos acordamos de las ambiciones económicas; de la religión esgrimida como excusa, del terrorismo como amenaza constante y el recorte de libertades por parte de los estados para defender nuestra integridad. No nos acordamos en Navidad del número de conflictos armados y de tensiones internas e internacionales que pueden originar nuevas guerras y violencia política.

Se olvida el amor al prójimo en Navidad y durante todo el año, pero se repite y se hace gala en estas fechas, eso es solo hipocresía. Somos egoístas y nos importa muy poco lo que les pase a los demás, nos preocupa solo lo que nos pase a nosotros y a la gente que nos rodea. Supongo que eso no es cristianismo, ni eso es el significado de la Navidad.

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