La extrema derecha ha conseguido, en la vida política, la degradación del lenguaje, la vulgaridad, el brutalismo, en definitiva, hacer cambiar el discurso político de la derecha. Porque primero se degradan las palabras y después las ideas. Hoy miércoles en la sesión de control al Gobierno, Pablo Casado tenía que hacer algo para levantar el ánimo de su bancada y de sus seguidores, quizás harto del protagonismo de Isabel Díaz Ayuso por sus constantes desafíos a la dirección del partido y el uso constante de ataques contra Pedro Sánchez y su Gobierno. Empezó a acumular agravios de distinto origen, desde ocultar la pandemia, no actuar ante el récord histórico del precio de la luz, el abandono de la familia de Canet de Mar (Barcelona), que ganó en los tribunales el 25% de enseñanza en castellano para su hijo. Pero, también utilizó los abusos a menores y el caso Juana Rivas para atacar al Gobierno en el Congreso, mintiendo y haciendo referencias a datos falsos. El líder de los populares ha aludido al caso de las «niñas tuteladas por el Gobierno socialista de Baleares que fueron prostituidas y se niegan a investigarlo«; «a la menor abusada por el marido de Mónica Oltra mientras el Gobierno socialista valenciano lo ocultaba«; o a un «niño de una indultada por usted que ocultaba agresiones sexuales«. Aseverando: «Tanta chorrada de niñes y de huelga de juegues y de bollos y dibujos en Euskera pero usted deja desprotegidos a los menores«. Preguntando al presidente del Gobierno: «Como diría usted, ¿qué coño tiene que pasar en España para que usted asuma alguna responsabilidad?», le ha preguntado.

La crispación y la degradación del lenguaje se vitorea y se jalea, en contra de una mínimas normas del parlamentarismo y educación. La palabra coño es una interjección vulgar que expresa contrariedad, sorpresa, enfado, etc. Es una palabra que emplean frecuentemente los españoles en sus conversaciones, aunque es menos frecuente su empleo en la vida parlamentaria. Con la frase «se sienten, coño«, pistola en mano, el entonces teniente coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero, protagonizó un Golpe de Estado, aquel 23 de febrero de 1981. Ahora, la derecha se enardece 40 años después, con el «coño» de Pablo Casado. Cuando las personas no son capaces de transmitir ideas con el uso de las palabras, tienden tendencia a gritar y a emplear exabruptos. Decir «coño» en el Congreso de los Diputados es un insulto a los ciudadanos y ciudadanas, que somos los que elegimos a nuestros representantes

Pablo Casado se ha referido a otro «qué coño» que le largó Pedro Sánchez al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en 2015 durante una visita a unas riadas en Zaragoza: ¿Que coño tiene que pasar para que Rajoy pise la ribera del Ebro?  Ni lo fue correcto entonces, ni lo es ahora. Ni es adecuado en una intervención con los periodistas, ni mucho menos ahora en el Congreso de los Diputados, el uso de un registro vulgar y obsceno. El ser humano desde las primeras etapas de nuestro desarrollo humano, aprendemos las expresiones verbales básicas que nos ayudan a manifestar sentimientos y satisfacer nuestras diferentes necesidades. Comenzamos a escuchar, a repetir palabras, a adquirir vocabulario y En la medida que los niños conviven con los miembros de la familia, éstos escuchan conversaciones, repiten palabras, adquirir vocabulario y poco a poco aprender a comunicarnos. Es una pena, llegar a la degradación del lenguaje y al insulto, por no ser capaces de expresar las ideas con otras palabras más amables. La degradación del lenguaje empobrece las ideas, por mucho que le pese a la derecha y a la extrema derecha.

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