La cultura del miedo, no es algo reciente, ha sido un arma empleada contra los pueblos desde siempre. Es algo intencionadamente elaborado para infundir temor a través de la manipulación o de avisar de un riesgo palpable, con el fin de inducir ciertos comportamientos personales o justificar determinadas acciones. Buscan formas deliberadas para alarmar a través del miedo al diferente: homosexuales, mujeres, musulmanes, negros, emigrantes…, pero también del peligro a la democracia, a la libertad, a la justicia. En definitiva el miedo es solo un instrumento sociológico para lograr un objetivo concreto. El miedo produce la paralización del pensamiento del individuo, intentando extirpar determinadas ideas y pensamientos de libertad, pretendiendo eliminar demandas de cambio.

La cultura del miedo la ejercen los dictadores, arrebatando a toda la población sus derechos, sus convicciones y  sus aspiraciones. Pero, también están los sentimientos de miedo que acosan por la inestabilidad social, la falta de seguridad, el terrorismo, las guerras, la pandemia del Covid, el cambio climático, el fenómeno de la «okupación» o los riesgos asociados al desarrollo de nuevas tecnologías. Y, también la cultura del miedo que transmiten los partidos políticos, tanto de derechas como de izquierdas, a que llegue al poder su contrario y sus consecuencias. Vivimos en una sociedad en estado de miedo permanente.

Los medios de comunicación de masas como la televisión tiene la capacidad de llegar a una gran cantidad de personas de manera simultánea. Con el surgimiento de las redes sociales, los hechos y noticias generan miedo e incertidumbre por su repetición de manera masiva, a lo que se añade el hecho de ser interactivos y donde cualquiera tiene una participación directa y la capacidad de expandir bulos, odio o simplemente miedo e incertidumbre. Además, de tener un consumo de acontecimientos negativos y morbosos, con comentarios que muchas veces aumentan el síndrome conspiranoico.

La extrema derecha ha organizado su estrategia política en la cultura del miedo: miedo a perder la identidad, miedo a perder el trabajo, miedo a una aldea global, miedo a los inmigrantes, miedo a los diferentes, miedo al feminismo, miedo al ecologismo, miedo a las reivindicaciones de autonomía territorial… Donde parece que vivimos en una realidad repleta de inseguridad y amenazas. Escogiendo a las personas que se sienten rechazadas social, política, laboral y económicamente para ofrecerles un discurso de mentiras, bulos y datos falsos, ofreciendo soluciones fáciles a temas complejos. Pero, por desgracia los partidos progresistas no han sabido contrarrestar esta deriva de la extrema derecha y pretenden vencerlos, también con el miedo. No es suficiente decir, que hay que hacer un cordón sanitario a la extrema derecha, porque muchas para muchas personas conservadoras la extrema derecha está más cerca de sus principios.

En Italia y en Austria han formado parte del Gobierno nacional. En Rumanía, Eslovenia y en los países bálticos la  extrema derecha han sido incluida ya en coaliciones. En Noruega, Finlandia, Dinamarca y Suecia, ha aumentado el voto populista. En Hungría y Polonia, están gobernando. En España hay apoyos de gobierno autonómico en Madrid, Andalucía y Murcia, aparte de gobiernos municipales. Y, ahora la extrema derecha es parte del gobierno de la Junta de Castilla y León. Con posibilidades de que formen gobierno junto al PP en las próximas elecciones andaluzas. ¿Todo esto no les da miedo?

Un comentario sobre “La cultura del miedo.”

  1. Para el relato ultraderechista lo esencial es despertar el miedo a lo desconocido, el odio hacia el diferente y engañar con promesas vacias para vencer la frustración de muchos. Les importa más que la ideología, tocar valores y emociones, dejan a disposición de los ciudadanos un supuesto «sentido común» para que no crean en la democracia, en la libertad, en la justicia, en la política, Se cargan el sistema de convivencia, donde ellos son los buenos y el resto son todos malos, solo importa el odio. Lo que desconcierta al resto de adversarios, que partidos sin contenido puedan movilizar a tantos millones de electores que pueden ser trabajadores humildes y posiblemente desempleados, apoyen a formaciones de extrema derecha.

    Su único objetivo es capitalizar el descontento, canalizar la decepción y fomentar el miedo. Son los voceros que han recogido el testigo de los indignados, de la frustración, del odio y de la amenaza a la identidad. Donde las emociones son las que harán tomar las decisiones en determinadas temáticas y a partir de allí aprovecharlo electoral y políticamente. De momento, mucho miedo…

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