Lo importante parecía que era quitar a Pedro Sánchez para que el PSOE no pactara con Podemos ni con los independentistas. Un golpe de mano en el PSOE para que haya una abstención técnica que permita la investidura de Mariano Rajoy. Nadie del sector crítico ha tomado la iniciativa de tomar una postura que haga posible un gobierno del PP o no.  El golpe de mano en el PSOE de las viejas guardias contra Pedro Sánchez convertirá a Rajoy en presidente.

Un Comité Federal en el que no han sido capaces de entenderse, en el cual ha faltado el consenso de cuál era el objetivo del Comité, ni si había que votar, ni qué se debía someter, ni siquiera quiénes podían hacerlo, ni si debían votar con urna o a mano alzada… Un enfrentamiento bochornoso entre compañeros de partido, con planteamientos radicalmente diferentes, ofreciendo un espectáculo indigno de un partido que quiere ser una opción de gobierno. La dimisión de Pedro Sánchez, después de perder la votación en contra de celebrar primarias y un congreso extraordinario. Enfrentamientos entre los partidarios de Sánchez y los críticos, enfrentados por el liderazgo del partido y por la posición del PSOE respecto a la investidura a Rajoy. Finalmente, los críticos han ganado.

Es la tercera vez que una gestora tiene que hacerse cargo de la dirección del PSOE en los últimos años, la de 1979 y el 2000. La primera cuando Felipe González, planteó remodelar el PSOE y propuso que el término «marxista» no siguiera definiendo al partido, propuesta que fue rechazada, la renuncia de González a presentarse a la reelección, el posterior triunfo de éste y la eliminación de los postulados marxistas. La segunda ocasión en la que el PSOE estuvo en manos de una gestora fue tras las elecciones generales del 2.000 en las que el PP obtuvo mayoría absoluta y la dimisión de Joaquín Almunia secundada por toda la Ejecutiva Federal.

Ahora seguimos con un gobierno en funciones y dos opciones: una posible abstención o unas terceras elecciones. Hablan los críticos de «primero España y después el PSOE», de sosiego, de unión y de «coser» las heridas, pero la consecuencia es que Rajoy será presidente o por abstención del PSOE o por un nuevo triunfo en unas supuestas elecciones. No solo pierde el PSOE, perdemos todos y lo peor es que Podemos tampoco da la mejor imagen para ser una opción a desbancar al PP, ni el acuerdo entre PSOE y Podemos es posible. “No hay mal que dure cien años” pero estamos cerca de comprobarlo…

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