El punto de no retorno, es lo que impide volver atrás y obliga a tomar nuevas acciones y de mayor intensidad para conseguir unos objetivos. En navegación aérea, define el momento de un vuelo, que por consumo de combustible, el avión no puede llegar al punto de origen y no tiene otra posibilidad que buscar un nuevo destino. Es en definitiva, no volver atrás y continuar hacia adelante ya que volver deja de ser una opción. La derecha española está en su particular punto de no retorno: a partir del cual volver atrás deja de ser una opción frente a la de seguir adelante. Les da igual la forma, el objetivo es derribar el gobierno de Pedro Sánchez. No les preocupa el deterioro institucional, ni prostituir la política, ni el insulto y la confrontación. No se puede volver atrás, todo vale para llegar al poder, hasta tachar de ilegítimo al Gobierno de España, no existen límites.

La izquierda nunca denominó al gobierno de José María Aznar o de Mariano Rajoy como ilegítimos. Ganaron las elecciones, por aciertos o por defectos de sus competidores, pero democráticamente fueron escogidos para gobernar España. No es el caso de la derecha cuando vence la izquierda, que parece que siempre encuentra algún motivo para dejar un velo de posible fraude, su falta de legitimidad de origen o simplemente su ilegitimidad. En la victoria del PSOE de Felipe González en 1993 se le acusó de fraude electoral, ante la derrota en las urnas del Partido Popular. En 2004, como consecuencia del atentado del 11-M, se le acusó a José Luis Rodríguez Zapatero de llegar a la Moncloa por falta de legitimidad de origen. Y, ahora el gobierno de Pedro Sánchez es definido como ilegítimo, por haber llegado al poder tras la moción de censura a Mariano Rajoy. Según, la derecha, sin pasar por unas elecciones. Pero, lo gracioso es que se ha mantenido dicha ilegitimidad después del triunfo en las elecciones del 10-N de 2019. ¿El motivo? Haber formado un gobierno de coalición con UP y ser investido gracias a los nacionalistas catalanes y vascos.

La derecha ha escogido su determinado punto de no retorno, para conseguir el poder. Una democracia puede cometer errores, pero al contrario que una dictadura, son los ciudadanos y ciudadanas las que ejercen su poder con el voto, escogiendo libremente a sus representantes y por lo tanto a su gobierno. Cada partido utiliza sus recursos para tratar de atraer al máximo número de votantes y el resultado hay que acatarlo. No vale todo, no podemos guiarnos por el lenguaje de las pasiones antes que el de la razón. El Gobierno de España es legítimo,  como lo fue el de la Segunda República. ¿ Acaso, la derecha está pidiendo otro caudillo para salvar España? Señores de la derecha, simplemente esperen a las próximas elecciones y los votos decidirán su punto de no retorno…

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