La brecha de vacunación entre países ricos y pobres está aumentando, aún a pesar del COVAX, el mecanismo de Acceso Mundial a las Vacunas COVID-19, una red colaborativa a nivel mundial que es escasa y que no funciona. Lo mismo que, los 688 millones de personas que pasan hambre de forma regular y el posible objetivo incumplido de hambre cero para 2030 de la ONU. No basta con las ONG, las reacciones de ayuda ante las catástrofes, el sacrificio de muchos profesionales de la salud, o el altruismo de unos pocos. Tiene la culpa el sistema económico y el egoísmo por el capital. Hemos de pensar que el interés individual debe partir de un comportamiento colectivo, que tiene que haber una preocupación colectiva por los más necesitados, aplicando políticas de solidaridad. El virus seguirá conviviendo con nosotros y mutando, mientras millones de personas sigan sin poderse vacunar.

La pandemia del Covid-19, ha significado el tener que priorizar la salud de las personas antes que el interés económico, lo que ha creado diferentes dilemas ideológicos y políticos. Ahora, que más del 70% de la población española tiene ya la pauta completa de la vacuna contra el coronavirus, mientras sigue la campaña de vacunación para cubrir al 100% de la población diana, el ministerio de Sanidad espera el posicionamiento de la Agencia Europea del Medicamento (EMA) para tomar una decisión sobre la administración de una tercera dosis de la vacuna.

Mientras en algunos países se está poniendo una tercera dosis de refuerzo a personas ya vacunadas, millones de personas en todo el mundo ni siquiera han recibido su primera dosis. África todavía no ha podido vacunar ni siquiera al 5 % de su población. El primer mundo se olvida que el virus viaja y muta. Que no es suficiente con inmunizar a los países ricos, si los demás no están vacunados. En muchos países la proporción de población vacunada es cercana al 0. Porque existe la injusticia de que hay países en el mundo que tienen la capacidad para proteger a su población gracias a una vacuna y otros que no. Al igual que ciertos países se mueren de hambre y sus ciudadanos tienen que migrar. La brecha de vacunación sigue aumentando debido al egoísmo y la insolidaridad, una temeridad que hará perpetuar la pandemia.

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