Debería ser complicado encontrar analogía entre el fundamentalismo del movimiento talibán de Afganistán y el ultracatolicismo de la extrema derecha española. Pero, no lo es. Ambas parten de posturas ideológicas reaccionarias, aunque sean totalmente diferentes y contrarias. Ambas van en contra de los principios más básicos de la laicidad y aconfesionalidad del Estado. Tienen una visión racista y supremacista. Culpan a la democracia liberal y al progresismo de la supuesta decadencia de la sociedad. Utilizan el odio como principal argumento de su propaganda. Son reaccionarios y comparten la intolerancia con todos los diferentes. Defienden la vuelta a un pasado glorioso y en contra del cambio. Arremeten contra las mujeres y los colectivos LGTBI, en contra de su igualdad. Y, supongo que se me olvida alguna analogía más. Es triste observar, que como casi siempre, los extremos llegan a tocarse y a confundirse.

Tras 20 años de presencia de los EEUU en Afganistán y de la coalición internacional, tras un enorme esfuerzo bélico y financiero de Washington, con la esperanza de conseguir la democracia, los talibanes han ganado o dicho de otra forma, occidente ha tenido su mayor derrota. Los talibanes se autodenominan «estudiantes”, que es la traducción literal del término pastún «talibán”. Pero su imagen es la del fanatismo, la intransigencia, el odio, el fascismo, la destrucción y el terrorismo. No les importa la libertad, la democracia o los derechos humanos. Al igual que tantas dictaduras que defiende la extrema derecha. Sin olvidar también las de la izquierda. Lo menos importante son las personas que sufren la opresión. Los talibanes son una forma extrema y radical del islamismo, la extrema derecha es una forma extrema de negar la igualdad. Ambos combaten con caudillos militares y pretenden erigirse en salvadores de patrias, restableciendo el orden y la seguridad.

Los talibanes imponen la ley islámica, la sharía, conculcando los derechos humanos y en especial los de las mujeres. La extrema derecha con su ultracatolicismo ataca al feminismo, a la igualdad, al aborto, a la eutanasia, a los colectivos LGTBI, a los progres. Los talibanes y la ultraderecha tienen clara su forma de pensar, coincidiendo en demasiadas cosas entre ambos. Nos asusta el integrismo islámico de Afganistán y se nos olvida que España fue un país gobernado durante cuarenta años por talibanes que impidieron la libertad, la democracia, los derechos humanos bajo el nacionalcatolicismo. La misma ultraderecha que ataca al islam, a la que molesta los migrantes, los menores extranjeros, nos quieren dar una lección de xenofobia, de racismo. Esa extrema derecha que no quiere a los refugiados afganos, ni a estos ni a ningunos. Que proponen que los acojan países islámicos y no países como España. Que ven en los migrantes y refugiados, potenciales ladrones, violadores y okupas, que no conocen la solidaridad como virtud cristiana. Que seguro les gustaría tener de nuevo a las mujeres, con el patrón machista de la dictadura franquista, igual que los talibanes impiden a las niñas ir a la escuela, el uso del burka, el prohibirles salir sin compañía masculina y negarles sus derechos. Lo dicho, quizás hay demasiada analogía entre la ultraderecha y los talibanes.

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